Los conductores de televisión masculinos enojados deben quedarse en el 2021

La perspectiva de que más tipos obstinados despotriquen implacablemente todas sus opiniones en la tele nos aterra a muchos de nosotros

Katie Edwards
martes 28 diciembre 2021 01:32

Piers Morgan abandona ‘Good Morning Britain’ después de críticas de Alex Beresford

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Se ha hablado mucho sobre la reevaluación de la vida durante la pandemia de covid-19. La Gran Renuncia dio pie a que las personas abandonaran carreras profesionales de alto estrés después de reevaluar sus prioridades, y muchos de nosotros pasamos el confinamiento reconsiderando las opciones de vida importantes como las carreras profesionales, las relaciones y el uso de pantalones con elástico... Pero se ha prestado mucha menos atención a la reevaluación de la cultura popular, sobre todo de esas personas a las que invitamos a nuestros hogares a diario: los conductores de televisión.

¿Acaso el covid-19 marcó el inicio de un cambio cultural importante en nuestra preferencia por los conductores de televisión? ¿Por fin terminó la era de los comentaristas enojados?

Cuando antes nos parecía reconfortante escuchar los distintivos insultos de las entrevistas de Piers Morgan, o burlarnos junto con Jeremy Kyle mientras gritaba en las caras de sus invitados avergonzados, ahora la perspectiva de que más tipos obstinados despotriquen implacablemente todas sus opiniones en la tele nos aterra a muchos de nosotros.

Puede que sea la época más maravillosa del año, pero yo, por mi parte, estoy harta de los hombres gruñones de mediana edad que expresan sus opiniones inaceptables. Especialmente cuando se ventilan con el volumen y la autoridad de alguien que se siente no solo con el derecho a una audiencia, sino a que esas opiniones sean aceptadas sin cuestionarse.

La mayoría de las mujeres conoce la frustración de que un familiar masculino bocón y anciano calle tus argumentos a gritos o te interrumpa. Algunas mujeres habrán pasado el confinamiento con bravucones beligerantes y agresivos, y no puede ser agradable ver comportamientos similares en la televisión como entretenimiento.

Pero claro, 2021 no ha sido un gran año para esos representantes habladores del mal humor televisivo, Piers Morgan y Richard Madeley. La obsesión de Morgan por Meghan Markle se ha vuelto aburrida y demasiado predecible. Sus diatribas regulares contra Meghan lo han hecho parecer cada vez menos un periodista incisivo y cada vez más uno de esos hombres tristes y amargados que evitas en los bares porque siguen gritando insultos sobre la ex que los abandonó hace mucho tiempo; ese al que miras con lástima mientras le vocifera a su tarro de cerveza sobre la “Princesa Pinocho”, aunque todo se ha vuelto raro e incómodo, y es hora de que se vaya a casa.

Madeley pasó de ser la mitad accidentalmente hilarante del dúo Richard y Judy, recordado cariñosamente, a hacer comentarios misóginos groseros y demasiado confiados. Qué bueno que por lo general solo lo graban de la cintura para arriba porque, de lo contrario, los espectadores verían que a sus pies están todas las pelotas que dejó caer durante su paso por Good Morning Britain.

El otro antiguo baluarte de la televisión diurna, Jeremy Kyle, ha recurrido a la autocancelación, que resultó ser el material promocional perfecto para su última presentación. Ahora puede gritar sus opiniones a través de las ondas de radio. Es curioso cómo la cancelación parece tener el efecto de amplificar las voces en lugar de sofocarlas. Es casi como si se tratara de un concepto falso autocreado para la publicidad. De cualquier manera, es la temporada de paz y buena voluntad para todos los hombres, así que disfrútalo, Kyle. Con suerte, escucharemos aún menos de ti y los de tu clase en 2022.

Lo que esta pandilla de conductores autoritarios tiene en común es la tendencia a hacer berrinches cuando se les cuestiona. Están acostumbrados a poder decir lo que quieren a quien quieren y atraer elogios, adulación y un jugoso sueldo, pero si se enfrentan a un comportamiento similar, o incluso si se les desafía de manera discreta, se convierten en bebés adultos y muestran comportamientos inmaduros. Morgan abandonó los estudios de Good Morning Britain para presuntamente firmar un acuerdo de £20 millones con TalkTV. Parece que el modelo de conducción que más se valora es el dominante y repugnante. No sé ustedes, pero estoy harta.

Hubo un momento en que el presentador conflictivo representó un cambio innovador en comparación con los incondicionales personajes sonrientes y sofisticados de la televisión que heredamos de los años ochenta, como Anne Diamond, que se vestía con colores primarios y complacía cortésmente a los invitados. Sin embargo, ahora los gruñones asumieron la identidad de bufones de la corte: se paran frente a nosotros a decir cosas extravagantes en un intento juvenil de llamar nuestra atención. Al principio, fue entretenido. Ahora, ya es tedioso y demasiado familiar. Un poni que solo conoce un truco y debió retirarse hace mucho tiempo.

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