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¿Qué hay detrás de un nombre? Es sucesión, legado y celebración en el teatro kabuki de Japón

Transmitir un nombre de generación en generación es una parte central del arte teatral tradicional japonés del kabuki, y esa ceremonia se celebra en teatros y en eventos especiales ocasionalmente.

Ahora, el ritual se está llevando a cabo con el octavo Kikugoro, quien recibe ese honor de su padre, el séptimo Kikugoro, de 83 años, que a su vez heredó ese nombre de su propio padre.

"Asumir el nombre implica asumir el espíritu y la responsabilidad que se han creado y se han transmitido a lo largo de generaciones por quienes nos precedieron", manifestó recientemente ante reporteros el Kikugoro más joven, Kazuyasu Terajima.

“El trabajo del actor de kabuki es continuar y desarrollar en el presente lo que hemos heredado de nuestros predecesores y asegurarnos de que se transmita a quienes vengan después de nosotros”.

Otro nombre famoso en el kabuki es Danjuro, cuya sucesión para el 13.º Danjuro ocurrió en 2022.

Una tradición teatral japonesa que hoy sigue viva

El kabuki, que se remonta a los años 1600, sigue muy vivo en el Japón actual. La exitosa película “Kokuho”, nominada a los Oscar de este año en maquillaje y peinado, es una prueba de la vigencia de la popularidad del kabuki: se convirtió en la película de acción real más taquillera del mercado interno en la historia del cine japonés.

El kabuki presenta historias desgarradoras sobre valientes samuráis que asumen una identidad oculta para vengar una injusticia, o sobre una hermosa doncella que se transforma en serpiente, y combina música en vivo, danza y canto con una actuación estilizada. Todos los papeles son interpretados por hombres, que visten trajes coloridos y llevan maquillaje recargado.

Los actores de kabuki especializados en papeles femeninos se llaman “onnagata”, mientras que otros, como Kikugoro, interpretan tanto a hombres como a mujeres.

Lo que a menudo sorprende a los occidentales del kabuki es el abandono total de cualquier intento de retratar la realidad, tal como podría verse en la superficie, o de cómo la gente podría comportarse de manera natural. Los actores adoptan poses dramáticas llamadas “mie” en medio de sus parlamentos para reforzar la idea del valor o de la huida ante una persecución. Los expertos se refieren a ese momento como la transmisión de una imagen, un instante que a menudo se acentúa con el repiqueteo rítmico de dos piezas de madera, similares a unas claves.

Los parlamentos de los actores suelen decirse en una poesía canturreada. La música en vivo es una parte integral de la obra para ambientar la escena, con enormes tambores que evocan el trueno o que, cuando se tocan con más suavidad, sugieren una nevada delicada. Un tintineo de campanas puede representar mariposas flotando.

El fondo escénico es un espectacular decorado giratorio, como cerezos que dejan caer pétalos rosados de papel. Algunas piezas incluyen elementos de acrobacia, como un actor que interpreta a un zorro y baila de alegría, suspendido por cables desde el techo.

Uno de los aspectos divertidos del kabuki son los cambios de vestuario y de personaje que ocurren en el propio escenario ante el público, transformando, por ejemplo, a un personaje humano en un demonio, a veces con la ayuda de tramoyistas cubiertos con un vestuario negro anónimo llamados “kurogo”.

El kabuki evoca el teatro shakespeariano con temas universales

Aun así, los paralelismos con el teatro shakespeariano son contundentes. Una obra popular, “Los suicidios de amor en Sonezaki”, trata sobre jóvenes amantes que eligen morir juntos, un Romeo y Julieta del kabuki.

Los paralelismos son casuales. Chikamatsu Monzaemon, quien escribió la pieza para el teatro japonés de marionetas bunraku, vivió durante el periodo Tokugawa, aislacionista, del siglo XVIII en Japón, y se cree que nunca leyó a Shakespeare, quien había escrito una historia de amor similar décadas antes que Chikamatsu.

Para el nuevo Kikugoro, Terajima, de 48 años, se trata de un papel al que nació destinado, como sus predecesores. Se ha entrenado desde la infancia, pero subrayó que no tiene reparos ni dudas por haber estado destinado desde su nacimiento a ser Kikugoro.

“Adoraba y admiraba por completo a mis predecesores”, comentó en el Club de Corresponsales Extranjeros en Tokio el mes pasado.

“Ante todo, estoy lleno de gratitud hacia nuestros predecesores, que crearon grandes obras que siguen siendo amadas por las generaciones que vinieron después. Así que agradezco haber nacido en la familia de esos ancestros”.

El entrenamiento para el kabuki comienza en la infancia

Terajima estaba sentado junto a su hijo de 12 años, Kazufumi, quien a su vez asumirá el nombre que su padre tenía antes: Kikunosuke. Es el nombre del actor más joven de esa familia, transmitido de generación en generación, al igual que el nombre Kikugoro.

Kikunosuke señaló que le encanta ser actor de kabuki, aunque, como un niño normal, también le gustan los videojuegos y la banda japonesa de rock Mrs. Green Apple.

Es un trabajo duro, explicó, que implica correr todas las mañanas, cuidar la dieta e irse a dormir temprano.

“No solo es duro físicamente. También es bastante duro mentalmente, y a veces lo descargaba con mis padres”, expresó con una sonrisa, manteniendo una pose profesional controlada muy por encima de su edad.

El ritual de sucesión del nombre, llamado “shumei”, que comenzó para padre e hijo el año pasado en diversas funciones por todo Japón, continúa durante este año.

James R. Brandon, un estadounidense que dedicó su labor académica al kabuki, lo describe como centrado en un tipo de código: “un teatro en el que el arte de la actuación es central, y en el que dramaturgo y actor cooperan para lograr el estilo único de interpretación que solo se encuentra en el kabuki”.

En la tradición japonesa, siempre existe la manera correcta de hacer algo, conocida como “kata”, que se convierte en el modelo para la generación futura que elige dedicarse al arte, según Brandon.

Aunque algunos se preocupan por la supervivencia del kabuki, el nuevo Kikugoro afirmó que cree en el “kata” del kabuki y que no hace falta cambiar nada, ya que el espíritu esencial de esta forma artística sigue siendo tan pertinente como siempre.

“Al usar el kata, lo que más queremos comunicar de verdad en la tradición del kabuki es la compasión humana, ese espíritu de cuidar a los demás”, manifestó.

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Yuri Kageyama está en Threads: https://www.threads.com/@yurikageyama

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