Dolientes se reúnen en Beirut para despedir a conservacionista libanesa que murió en ataque israelí

Los dolientes se reunieron en Beirut el domingo para rendir homenaje a una querida conservacionista libanesa que murió tras sucumbir a las heridas sufridas en un ataque israelí contra su casa en la costa sur del país.
Mona Khalil, que pasó más de dos décadas protegiendo tortugas marinas a lo largo de la costa de Líbano, resultó gravemente herida en el ataque contra su vivienda en la aldea de Mansouri a principios de este mes y falleció a causa de sus heridas el viernes. Tenía 76 años.
La Casa Naranja, que Khalil ayudó a convertir en un pequeño centro de conservación y sitio de ecoturismo en Mansouri, se transformó en un refugio para caguamas y tortugas verdes, ambas en peligro de extinción, y en un espacio de formación para voluntarios que documentaban la actividad de anidación a lo largo de la costa.
La noticia de su muerte provocó una oleada de dolor entre ambientalistas y entre quienes fueron voluntarios y trabajaron con ella a lo largo de los años.
La periodista y activista ambiental Fadia Jomaa conoció por primera vez a Khalil en 2016 cuando investigaba sobre tortugas marinas en Líbano y luego decidió ofrecerse como voluntaria en su proyecto.
Para los voluntarios, “esta relación no se quedó en una relación de voluntariado: Mona se convirtió en nuestra madre”, expresó Jomaa.
Jomaa se convirtió en una de las colaboradoras más cercanas de Khalil y con el tiempo ayudó a gestionar junto a ella el proyecto de conservación de tortugas marinas. También llevó a sus propios hijos a hacer voluntariado, presentándoles el trabajo de proteger a las tortugas que anidan y a las crías a lo largo de la costa sur de Líbano.
Durante la guerra anterior entre Israel y el grupo político-paramilitar libanés Hezbollah en 2024, Khalil al principio se negó a abandonar la playa de Al-Mansouri, contó Jomaa. El ejército libanés finalmente la persuadió de evacuar por su seguridad.
“Fue la última en irse de la zona”, relató Jomaa.
“Lo pasó fatal en Beirut”, comentó Jomaa, y añadió que Khalil anhelaba regresar al sur, a la Casa Naranja y a la playa que había pasado años protegiendo.
Otra guerra entre Israel y Hezbollah estalló en marzo. Hezbollah disparó a través de la frontera hacia Israel el 2 de marzo, dos días después de que Israel y Estados Unidos atacaran a su aliado, Irán.
Khalil podría haber salido de Líbano sin problema. Tenía ciudadanía neerlandesa además de la libanesa, tras haber vivido en los Países Bajos antes de regresar al Líbano y establecerse en lo que alguna vez fue la casa de su abuela —el edificio que más tarde fue conocido como la Casa Naranja.
Pero se negó a abandonar su hogar otra vez.
“Ella dijo: ‘Soy una civil, no tengo armas, cerraré mi puerta’”, contó Jomaa.
Un ataque israelí impactó su casa el 4 de junio. Khalil y su trabajadora doméstica fueron trasladadas de urgencia al hospital. No estaba claro cuál era el objetivo previsto del ataque.
El ejército israelí argumentó en un comunicado que Khalil “no era un objetivo de las FDI”, en referencia a las Fuerzas de Defensa de Israel, y que “no se conoce ningún ataque de las FDI en el que ella resultara herida”, pero añadió que “se realizaron ataques en la zona luego que las FDI emitieran advertencias de evacuación”. Indicó que “lamenta profundamente cualquier daño causado a civiles y sigue comprometido a operar de conformidad con el derecho internacional”.
La condición de Khalil al principio parecía alentadora tras la cirugía, dijo Jomaa, pero sucumbió a sus heridas dos semanas después.
“Es una gran pérdida para la conservación, para el país y para todos nosotros que nos importaba el mar y el patrimonio natural de Líbano”, declaró Johnny Baaklini, un exvoluntario de la Casa Naranja que trabajó estrechamente con Khalil.
Al igual que Jomaa, recordó que Khalil “nos trataba a nosotros, los defensores de la conservación, como si fuéramos sus hijos”.
“Parece imposible describir el impacto que Mona tuvo personalmente en mí y en tantos otros jóvenes naturalistas”, afirmó.
En el corazón del trabajo de Khalil había un estrecho tramo de costa: la playa de Al-Mansouri, en la provincia de Tiro. En cada temporada de anidación, ella y los voluntarios patrullaban la playa por la noche, marcando huellas recientes en la arena y reubicando con cuidado los nidos vulnerables lejos de la actividad humana y de la contaminación lumínica costera.
La Casa Naranja también funcionaba como un pequeño hostal frente a la playa.
Durante la temporada de anidación en verano, Khalil organizaba observaciones de crías de tortuga marina para los visitantes. Muchas familias llevaban a sus hijos para ver cómo se desarrollaba ese pequeño milagro.
Estas observaciones solían realizarse al atardecer, cuando los voluntarios guiaban a los grupos hasta la playa para ver a las crías avanzar desde nidos protegidos hacia el mar.
“Ella solía decir: ‘Mi alma se quedará aquí’”, recordó Jomaa, al evocar conversaciones en las que Khalil señalaba un olivo o una pequeña colina con vista a la playa de Al-Mansouri. “Ella solía decir: ‘Aquí es donde me enterrarán’”.
El lugar donde finalmente será enterrada Khalil sigue siendo incierto y está ligado a la situación de seguridad en la zona, indicó Jomaa.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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