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Las empresas de IA Suno y Udio enfadaron a la industria musical. Ahora quieren unirse a ella

El director ejecutivo de Suno, Mikey Shulman, acerca una silla al escritorio del estudio de grabación, donde un científico investigador de su empresa de inteligencia artificial está creando una nueva canción.

Su flauta suena prometedora.

La percusión necesita trabajo.

Ninguno de los dos está tocando un instrumento. Teclean algunas palabras descriptivas —afrobeat, flauta, tambores, 90 pulsaciones por minuto— y aparece un ritmo contagioso que anima el edificio de oficinas del siglo XIX donde Suno tiene su sede en Cambridge, Massachusetts. Activan algunas herramientas de edición para perfeccionar la nueva pista.

Al igual que las primeras experiencias con ChatGPT o con generadores de imágenes a partir de texto mediante IA, intentar crear una canción generada por IA en plataformas como Suno o su rival, Udio, puede parecer un poco mágico. No se necesitan habilidades musicales, práctica ni un manantial emocional para conjurar una nueva melodía inspirada en casi cualquiera de las tradiciones musicales del mundo.

Pero el proceso de entrenar la IA con músicos queridos del pasado y del presente para producir aproximaciones sintéticas de su trabajo ha enfurecido a la industria musical y ha puesto gran parte de su poder legal en contra de las dos empresas emergentes.

Ahora, después de que sus usuarios hayan inundado internet con millones de canciones generadas por IA, algunas de las cuales han terminado en servicios de streaming como Spotify, los líderes de Suno y de Udio, con sede en Nueva York, intentan negociar con discográficas para asegurarse un lugar en una industria que los rechazó.

“Siempre hemos pensado que trabajar junto con la industria musical en lugar de contra la industria musical es la única manera de que esto funcione”, manifestó Shulman, quien cofundó Suno en 2022. “La música es tan importante culturalmente que no tiene sentido tener un mundo musical con IA y otro sin IA”.

Sony Music, Universal Music y Warner Records demandaron a las dos startups por infracción de derechos de autor en 2024, al alegar que estaban explotando las obras grabadas de sus artistas.

Desde entonces, ambas han intentado hacer las paces con la industria. Suno, valorada ahora en 2.450 millones de dólares, alcanzó el año pasado un acuerdo con Warner, y Udio ha firmado acuerdos de licencia con Warner, Universal y el sello independiente Merlin. Solo una gran discográfica, Sony, no ha llegado a un acuerdo con ninguna de las dos empresas mientras las demandas avanzan en tribunales federales de Boston y Nueva York. Suno también enfrenta desafíos legales en Europa presentados por grupos que representan a creadores musicales.

El primero de los acuerdos, entre Udio y Universal, provocó un éxodo de usuarios frustrados de Udio a quienes se les impidió descargar sus propias pistas generadas por IA. Pero el director ejecutivo de Udio, Andrew Sanchez, dijo que se siente optimista sobre lo que traerá el futuro, a medida que su empresa adapta su modelo de negocio para permitir que los fans de artistas dispuestos a ello usen la IA para jugar con sus obras y, potencialmente, modificarlas.

“Tener una relación estrecha con la industria musical es fundamental para nosotros”, comentó Sanchez en una entrevista. “Los usuarios realmente quieren tener un vínculo con sus artistas favoritos. Quieren tener un vínculo con sus canciones favoritas”.

Muchos músicos profesionales se muestran escépticos. La cantautora Tift Merritt, copresidenta de la Artists Rights Alliance, ayudó recientemente a organizar una campaña de artistas titulada “Stealing Isn't Innovation” (Robar no es innovación) —entre ellos Cyndi Lauper y Bonnie Raitt— para instar a las empresas de IA a buscar acuerdos de licencia y alianzas, en lugar de construir plataformas sin tener en cuenta la ley de derechos de autor.

“La economía de la música con IA se construye totalmente sobre la propiedad intelectual, a nivel global, de músicos de todas partes, sin transparencia, consentimiento ni pago. Así que sé que ellos valoran su propiedad intelectual, pero la nuestra ha sido consumida para reemplazarnos”, expresó Merritt en una entrevista en Raleigh, Carolina del Norte.

Shulman sostiene que la tecnología “evoluciona muy a menudo más rápido que la ley”, y que su empresa intenta ser cuidadosa para “no infringir la ley”, pero también “ofrecer productos que el mundo realmente quiere”.

El director ejecutivo de Suno no cree realmente que “a la gente no le guste” hacer música

Cuando la industria musical confrontó por primera vez a Suno por presunta infracción de derechos de autor, la respuesta antagonista de la empresa alejó a profesionales como Merritt.

Como símbolo de esa brecha, el año pasado circuló un clip en el que se citaba a Shulman diciendo: “realmente no es disfrutable” hacer música la mayor parte del tiempo. Shulman empezó a aprender piano a los 4 años, pero después lo dejó. A los 12 retomó la música con el bajo, tocando en bandas de rock en la secundaria y en la universidad. Dijo que esa experiencia le dio algunos de los mejores momentos de su vida.

“Necesitas volverte realmente bueno con un instrumento o realmente bueno con un software de producción”, dijo Shulman en el pódcast “The Twenty Minute VC”. “Creo que la mayoría de la gente no disfruta la mayor parte del tiempo que pasa haciendo música”.

“Está claro que me hubiera gustado haber usado otras palabras”, le dijo Shulman a AP. El contexto, añadió, era que “producir música perfecta requiere muchas repeticiones y no todos esos minutos son las partes más disfrutables de hacer música. En general, obviamente, la música es increíble. Toco música todos los días por diversión”.

El director ejecutivo de Udio presenta a su empresa como la alternativa amistosa

Sanchez, el director ejecutivo de Udio, también quiere que la gente sepa que le encanta hacer música. Es un tenor amante de la ópera que ha cantado en coros y creció entonando a Luciano Pavarotti en la casa de su familia en Buffalo, Nueva York.

Fundada en 2023 por un grupo que incluía a varios investigadores de IA de Google, la compañía emplea ahora a unas 25 personas. Tiene menos usuarios y recaudó menos capital que Suno, lo que reduce su margen de maniobra en las negociaciones con las discográficas.

Pero, al igual que la empresa de transporte por aplicación Lyft, que se presentó como la alternativa amistosa a las tácticas de expansión agresiva de Uber hace más de una década, Udio asume su condición de desvalido.

“Muchas empresas tecnológicas cultivan activamente esta idea de ‘soy un cruzado de la tecnología’ y eso es parte de su identidad”, señaló Sanchez. “Eso aleja a la gente creativa y yo me opongo de manera tajante a eso”.

Sanchez dijo que sabe que no todos los artistas van a adoptar la IA, pero espera que quienes salgan de la sala después de hablar con él se den cuenta de que no está imponiendo una especie de “bravuconería de IA”.

“Si tomaras lo que estamos haciendo y fingieras que la palabra IA no formaba parte de ello, la gente diría: ‘Dios mío. Esto es genial’”.

Algunos ven potencial en la creación musical asistida por IA

En la oficina del sótano de su casa en Philadelphia, Mississippi, Christopher “Topher” Townsend es una banda de un solo hombre: crea y comercializa música góspel que encabeza listas de Billboard —sin cantar él mismo ninguna de las canciones— y lo hace en tiempo récord.

El rapero, cuyas letras reflejan su conservadurismo político, descargó Suno en octubre y, en cuestión de días, creó a Solomon Ray, un cantante ficticio que Townsend describe como una extensión de sí mismo.

Townsend usa ChatGPT para escribir letras, Suno para generar canciones y otras herramientas de IA para crear portadas y videos promocionales bajo el nombre de Solomon Ray.

“Puedo entender por qué los artistas tendrían miedo”, dijo Townsend. “(Solomon Ray) tiene una voz impecable. No se enferma. Ya sabes, no tiene que pedir licencia, no se lesiona y puede trabajar más rápido de lo que yo puedo trabajar”.

Quien intenta disipar ese temor entre artistas aspirantes es Jonathan Wyner, profesor de producción e ingeniería musical en el Berklee College of Music en Boston, que ve la IA generativa como una herramienta más.

“Para el músico creativo, la IA representa tanto enormes beneficios potenciales en términos de agilizar las cosas y, francamente, hacer posibles tipos de creación musical que antes no eran posibles, como hacerla más accesible para la gente que quiere hacer música”, explicó.

Esa visión sigue siendo difícil de vender para artistas que sienten que su trabajo ya ha sido explotado. Merritt dice que le preocupa especialmente que las discográficas hagan acuerdos con empresas de IA que dejen fuera a los artistas independientes. Una carta abierta que ella firmó junto con otros esta semana afirma que “muchos en nuestra comunidad están adoptando la IA responsable como una herramienta de creación”, pero apunta a Suno como un negocio de “golpear y llevarse el botín” que los artistas deberían evitar.

“Los artistas necesitan conocer la diferencia: no todas las plataformas de IA son iguales, y Suno, que está siendo demandada por infracción de derechos de autor, no es una plataforma en la que los artistas deban confiar”, dice la carta firmada por Merritt y otras seis personas.

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O'Brien informó desde Cambridge, Massachusetts, y Nueva York. Ngowi informó desde Cambridge y Somerville, Massachusetts. Los periodistas de AP Sophie Bates, en Filadelfia, Mississippi, y Allen G. Breed, en Raleigh, Carolina del Norte, contribuyeron a este despacho.

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