Jessie Buckley y Paul Mescal hallan el poder emocional de "Hamnet"
Durante la escena final, emocionalmente devastadora, de “Hamnet”, Jessie Buckley y Paul Mescal tuvieron un problema.
“Hubo momentos en que la cámara nos obstruía”, recuerda Buckley. “Y era como: ‘No, tenemos que vernos’”.
“Y en cuanto nos vimos, fue como: ‘Oh, no’”, comenta Mescal, riéndose. “Qué cosa tan gloriosa”.
En “Hamnet”, la adaptación de Chloé Zhao de la premiada novela de 2020 de Maggie O’Farrell, Mescal interpreta a William Shakespeare y Buckley a su esposa, Agnes. Es un drama ficticio y especulativo, con base en hechos históricos. Uno de los tres hijos de la pareja, Hamnet, murió en 1596 a los 11 años. En cuestión de unos pocos años, “Hamlet” se estrenaría en el Teatro Globe. Los nombres, han señalado los académicos, eran esencialmente intercambiables en la Inglaterra del siglo XVI.
La película de Zhao imagina la posible conexión entre la muerte del hijo de los Shakespeare y el nacimiento de la obra más grande del dramaturgo. Es un retrato de un matrimonio, entre el duelo y la grandeza literaria. En muchos sentidos, también es una película sobre ver y ser visto. Tanto William como Agnes se sienten atraídos el uno por el otro como casi marginados incomprendidos. A William lo desestiman como “un erudito de cara pálida”. A Agnes la etiquetan como una “bruja del bosque”. Las brechas de percepción equivocada y soledad se salvan con el amor en la primera mitad de la película, y con el arte en su abrumador acto final.
En ambos casos, los ojos de Buckley y Mescal cuentan gran parte de la historia. Sus interpretaciones —crudas, terrenales, llenas de alma— han sido aclamadas como de las mejores del año. El filme ganó el Globo de Oro a mejor película dramática y ha sido nominada a ocho Oscar, incluyendo mejor película, dirección y actriz para Buckley. Aunque actuaron en líneas temporales separadas en la película de 2021 “The Lost Daughter” ("La hija oscura"), de Maggie Gyllenhaal, “Hamnet” es la primera vez que estos dos jóvenes y aclamados astros irlandeses comparten pantalla.
“Entramos en la película en el momento perfecto. Sentía un enorme respeto por Jessie y me encantó pasar tiempo con ella”, manifiesta Mescal. “Pero también estábamos en un punto en el que no nos conocíamos tan bien. Así que había una especie de misterio”.
Antes de iniciar la producción, Zhao organizó una prueba de química para los dos. Podría pasar a la historia como la prueba de química más innecesaria en la historia de Hollywood. “Se nos olvidaba que estábamos diciendo diálogos”, cuenta Mescal, sentado junto a Buckley.
“Ya había una energía cinética entre nosotros”, coincide Buckley. “Simplemente se sentía tan posible”.
Sueños y meditaciones
Buckley y Mescal se reunieron con este reportero a principios de este otoño, justo cuando “Hamnet” estaba teniendo su estreno premiado en el Festival Internacional de Cine de Toronto. Para entonces, la extrema carga emocional de la película ya se estaba ganando una reputación casi mítica por el charco de lágrimas que extrae de los espectadores.
Pero Buckley, la estrella de 35 años de “Wild Rose” ("Wild Rose: sigue tu propia canción") y “Wicked Little Letters” ("Pequeñas cartas indiscretas"), y Mescal, de 29, que pronto iba a embarcarse en interpretar a Paul McCartney en la serie de cuatro películas de Sam Mendes, entraron joviales y con bromas agudas. Buckley, madre reciente, hizo un comentario sobre la lactancia antes de pedir que no se publicara, y luego se retractó. “Ah, publícalo. ¡Qué me importa!”
Sin embargo, una vez que se acomodaron, a ambos actores les costó captar la enormidad de su experiencia al hacer “Hamnet”. Si “Hamnet” ha conmovido al público, también ha sacudido a sus protagonistas.
“Trabajamos con Kim (Gillingham, una coach) en el subconsciente y los sueños. Ella te plantea estas preguntas a medida que empiezas a trabajar. Una era: ¿Por qué la estás haciendo?”, recuerda Mescal, volviéndose hacia Buckley. “No quiero entrar en por qué al principio creí que la estaba haciendo. Pero recuerdo estar sentado contigo y mirar las estrellas a las dos semanas. Antes había estado pasando algo personal en mi vida. Recuerdo que me volví hacia ti y dije: ‘Oh, ese pensamiento era demasiado pequeño’”.
Se sabe poco sobre la vida de Shakespeare y aún menos sobre la de Agnes. Eso significaba que los actores estaban usando sus propias experiencias como artistas para intentar comprender mejor a sus personajes. Cada día de rodaje, Zhao guiaba al elenco en una meditación de tres respiraciones profundas, una práctica que ha mantenido en las proyecciones.
“Como actores, a veces la gente solo quiere que te pongas una máscara y te pongas abrigos, y eso nunca me resulta satisfactorio”, afirma Buckley. “Lo que Chloé quiere que hagas es moverte hacia un lugar más profundo dentro de ti para encontrarte con la persona a la que vas a llegar a comprender. No se trata de máscaras. Si acaso, se trata de volverse más humano y quitarse una capa de piel que quizá has mantenido demasiado apretada alrededor de ti”.
Abrir portales
Zhao, la directora ganadora del Oscar por “Nomadland”, quien también dirigió la película de Marvel “Eternals”, dice que retó a Mescal y a Buckley a interpretar “lo masculino extremo y lo femenino extremo”. Desde que se dio a conocer con un par de dramas líricos lakota, “Songs My Brothers Taught Me” y “The Rider”, Zhao ha refinado un naturalismo áspero y artesanal hacia el que los actores se sienten atraídos. Para encontrar un Shakespeare muy distinto, se apoyó en esos instintos.
“Lo que tenemos que hacer como artistas es tratar de encontrar esa cosa en común que trasciende el tiempo y el espacio y el género y la religión”, explica Zhao. “Te preguntas: ¿Cuál es la humanidad, hasta los huesos, de ese hombre que también está en Paul Mescal? Ese es mi trabajo: abrir ese portal”.
“Hamnet” se atreve a suponer que todo arte, incluso algo tan fijo en una época como “Hamlet”, proviene de algún lugar profundamente personal. El Shakespeare de Mescal, por ejemplo, no va por ahí recitando versos elocuentemente.
“¡Qué aburrido sería eso!”, sostiene Mescal. “Cualquiera que escriba así no anda por ahí hablando de manera lírica. Creo que hay un motor real debajo de él. Hay alguien que quería escapar de su vida y amar su vida al mismo tiempo. Amaba su vida y amaba su trabajo. Ese conflicto constante en él, recorriendo su vida, inquieto”.
“Eso también eres tú”, interviene Buckley.
“Esa era simplemente la versión de él que más sentido me hacía”, responde Mescal. “Estoy seguro de que habrá alguien en Oxford que dirá: ‘Habría hablado con un acento híbrido raro por la época’. OK, lo que sea. No me importa”.
Un clímax que casi no fue
“Hamnet” alcanza un crescendo notable en una representación de “Hamlet” en el teatro Globe que abre pozos profundos de tristeza y océanos de empatía. Ya se ha convertido en uno de los finales más comentados del año, y es cuando la creencia de la película en la transferencia del sentimiento se vuelve más palpable. Sin embargo, cámaras aparte, fue una escena que les costó encontrar.
“Para ser completamente honesta, habíamos hecho este viaje gigantesco y épico del corazón. Llegamos al Globe. Yo no tenía ni idea de qué hacer. Estaba totalmente perdida. Creo que Chloé estaba perdida”, relata Buckley. “El Globe se inundó. Hubo una tormenta durante dos días. Haces este viaje enorme y piensas: ¿Dónde termina esto?”
Pero al tercer día, algo hizo clic para Buckley cuando “On the Nature of Daylight”, del compositor Max Richter, sonó en su lista de reproducción. Se la compartió a Zhao y algo cambió.
“A veces, como actor, sientes que tienes que hacerlo tú solo”, comenta Buckley. “Ella era como una loba solitaria en medio de este océano de gente. Me di cuenta al tercer día de lo crucial que era todo el mundo a mi alrededor. Se volvió algo de rendirse ante la comunidad del sentir”.
Buckley y Mescal ya han decidido que volverán a trabajar juntos.
“Siento que vamos a encontrarnos en las cimas de nuestras vidas y ayudarnos a desentrañar la siguiente capa”, dice Buckley.
“Sin duda, fue una de las colaboraciones más importantes que he tenido”, asegura Mescal. “Sería una locura que esa fuera la única vez que lo hagamos”.
Pero también es posible que los momentos finales de “Hamnet” se queden con ellos para siempre. La fuerza de la escena se debe, además, a los cientos de extras que desempeñan un papel conmovedor. Los ojos de Buckley y Mescal están fijos el uno en el otro, pero la obra es lo esencial: no solo la transmutación de su duelo privado, sino la resonancia de la obra con todos los que los rodean.
“Porqué vamos al cine, porqué vamos al teatro, porqué contamos historias, es para que esos lugares contengan las partes de nosotros mismos que son demasiado difíciles de sostener por nuestra cuenta”, expresa Buckley. “Hay un océano no dicho entre la persona sentada a tu lado y la historia, y la obra es el recipiente a través del cual eso lo trasciende”.
Buckley niega con la cabeza. “Fue increíble. De pie al borde del escenario, podía sentir un tsunami de 300 personas detrás de mí abriendo sus corazones”.






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