Templo milenario luce devastado tras enfrentamientos fronterizos entre Camboya y Tailandia

Han pasado tres meses desde que un alto al fuego puso fin a los intensos combates fronterizos entre Camboya y Tailandia, pero las huellas del conflicto son profundas en este templo hindú del siglo XI que se encuentra en la cima de un acantilado de 525 metros (1.722 pies) en las montañas Dangrek.
Ambos países del sudeste asiático se han disputado durante décadas el templo de Preah Vihear, y eso pone en peligro este antiguo lugar sagrado.
Construido por el mismo imperio que erigió Angkor Wat, a 160 kilómetros (100 millas) al suroeste, el templo, dedicado al dios hindú Shiva, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008, y es considerado una importante reliquia cultural por los camboyanos. El imperio jemer era hinduista, pero gradualmente se convirtió al budismo, la religión oficial de la Camboya moderna.
Tras los intensos combates del año pasado, gran parte de la estructura quedó dañada y las autoridades camboyanas advierten que algunas partes del templo podrían estar en peligro de derrumbarse.
Muchos escombros, pero no turistas
Donde antes los turistas admiraban las elaboradas tallas de la estructura desgastada por el clima, y las magníficas vistas de las llanuras camboyanas, ahora sólo quedan escombros de piedra junto a cráteres de artillería y cenizas de vegetación quemada.
“El templo se ha sumido en el silencio, y su belleza luce muy triste debido a la tragedia”, dijo Hem Sinath —arqueólogo y subdirector general de la Autoridad Nacional para Preah Vihear— a los periodistas de The Associated Press que lo visitaron este mes.
El sitio está cerrado al turismo debido a la inestabilidad de los muros y a la preocupación por la presencia de municiones sin explotar. Las zonas están acordonadas y señalizadas con carteles que advierten de la presencia de minas terrestres, un peligro que los camboyanos conocen bien tras décadas de guerra civil.
Personal de conservación, encargados del lugar y tropas permanecen apostados en el templo y sus alrededores, desde donde se pueden observar a soldados tailandeses al otro lado de la frontera.
Los cinco pabellones de entrada más importantes del templo resultaron dañados —tres de ellos están casi irreconocibles, según una evaluación de daños publicada en enero por el Ministerio de Cultura de Camboya—. Una antigua escalera norte, previamente restaurada por un proyecto de conservación financiado por Estados Unidos, sufrió graves daños por los repetidos bombardeos.
Un comunicado emitido la semana pasada por el Ministerio de Cultura de Camboya indicó que el templo sufrió daños en 142 lugares durante los combates de julio, y en otros 420 durante los enfrentamientos más intensos y prolongados de diciembre.
“Los expertos han pronosticado que, durante la próxima temporada de lluvias, algunas estructuras en riesgo inminente de derrumbe podrían colapsar finalmente”, dijo Hem Sinath.
No se dispone de evaluaciones externas independientes sobre los daños.
Camboya denuncia que el templo fue atacado deliberadamente
Neth Pheaktra, ministro de Información, acusó al ejército tailandés de basarse en información falsa para justificar las incursiones y de dañar deliberadamente el templo.
“El templo de Preah Vihear pertenece a toda la humanidad. No es enemigo de Tailandia”, escribió.
El derecho internacional prohíbe los ataques contra sitios históricos importantes como el templo, pero Tailandia ha argumentado que Camboya militarizó el complejo al instalar sistemas de armas, almacenar municiones y utilizar el sitio como base para equipos de vigilancia, lo que anula su protección en tiempos de guerra. Esto incluyó una grúa de construcción en el lugar, que el ejército tailandés atacó tras afirmar que formaba parte de un sistema militar de mando y control.
El general de división Winthai Suvaree, portavoz del ejército tailandés, insistió en que las fuerzas tailandesas dirigieron sus disparos exclusivamente contra objetivos militares.
Camboya niega que su ejército haya utilizado alguna vez el templo. Su Ministerio de Cultura declaró en un comunicado escrito que el templo está bajo control civil y que las fuerzas de seguridad presentes sólo estaban allí para proteger el patrimonio cultural.
Ambas naciones se culpan mutuamente de haber iniciado los enfrentamientos que estallaron en julio y diciembre. Camboya ha informado que más de 640.000 personas fueron desplazadas de las regiones fronterizas durante los combates, y casi 37.000 aún no han regresado a sus hogares.
El templo ha sido objeto de disputa durante décadas
El templo —llamado Phra Viharn por los tailandeses— ha estado en el centro de una larga disputa fronteriza desde la década de 1950. En 1962, la Corte Internacional de Justicia dictaminó que el templo y el área circundante, de menos de 5 kilómetros cuadrados (2 millas cuadradas), pertenecen a Camboya. La Corte ratificó ese fallo en 2013.
Durante años atrajo visitantes de ambos lados de la frontera, y muchos turistas extranjeros llegaron a través de Tailandia antes del cierre de la frontera.
Su designación por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad de Camboya, en 2008, fue como echar sal en la herida de Tailandia, y el creciente nacionalismo avivado por la política interna tailandesa contribuyó a los esporádicos conflictos armados en el templo en 2008 y 2011.
La restauración será un desafío
La restauración será todo un reto. Hem Sinath teme que las estructuras debilitadas puedan derrumbarse durante la temporada de lluvias, que normalmente comienza a finales de mayo o principios de junio y se extiende hasta octubre.
India, China y Estados Unidos han participado en tareas de renovación anteriores, pero la financiación se ha suspendido desde que estallaron los combates.
Hem Sinath afirmó que nuevos proyectos urgentes y necesarios para evitar que el templo se deteriore aún más se ven obstaculizados debido a la preocupación por la seguridad, mientras el alto al fuego aún es frágil.
“Tenemos un plan. Queremos realizar las reparaciones —cuanto antes mejor—, pero, como ven, depende de la situación en la frontera”, agregó.
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El periodista de The Associated Press, Grant Peck, en Bangkok, contribuyó a este despacho.






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