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El brote de ébola en el Congo es un peligro. Los ataques al personal médico son otro

CONGO-ÉBOLA-TRABAJADORES DE SALUD
CONGO-ÉBOLA-TRABAJADORES DE SALUD (AP)

Cada vez que Vanny Birungi, voluntaria de la Cruz Roja en el este de la República Democrática del Congo, sale a las calles como parte de una campaña para crear conciencia sobre el más reciente brote de ébola, enfrenta una doble amenaza en momentos en que el número de casos sospechosos se acerca a 1.000.

La primera amenaza es el raro tipo de ébola Bundibugyo, para el cual no hay vacuna ni tratamiento. La segunda es el enojo y la desconfianza de los residentes de la zona, quienes le han arrojado piedras y proferido insultos en Bunia, una ciudad en el corazón del brote.

“Seguimos diciéndoles que la enfermedad es un riesgo. Algunos lo aceptan y otros no”, declaró Birungi a The Associated Press el lunes mientras ella y sus colegas hablaban con grupos de personas en un barrio de clase obrera bajo un sol abrasador.

Los trabajadores humanitarios corren un riesgo en particular en una región volátil, donde los residentes como Birungi, llevan mucho tiempo bajo la amenaza de los grupos armados que han matado a miles de personas y desplazado a muchas más en los últimos años.

La confianza es difícil de encontrar en una población traumatizada que ve a los forasteros con sospecha, incluso a quienes luchan desesperadamente por contener un brote que se propaga rápidamente y que, según los expertos, se detectó con semanas de retraso. La vigilancia de este tipo de enfermedades se ha visto debilitada por los recortes a la ayuda de Estados Unidos y otros países.

“Esta gente debería dejar de molestarnos. Sólo quieren hacerse ricos. No olvidemos que el ébola es un invento del hombre blanco”, señaló Pierre Basola, un residente de Bunia de 56 años. “De todos modos, deja de hablarme”.

Cerca de 1.000 casos y ataques a centros de salud

En la última semana se han registrado tres ataques contra instalaciones sanitarias. Un grupo de jóvenes enardecidos irrumpió el domingo en un hospital que atiende a pacientes con ébola y obligó al personal médico a evacuar el edificio en medio de disparos.

Un grupo de residentes prendió fuego el sábado a una carpa en la que se atienden casos sospechosos y confirmados de ébola, la cual es gestionada por Médicos Sin Fronteras en Mongbwalu, lo que provocó que más de una docena de personas sospechosas de tener el virus salieran huyendo. Además, un centro en Rwampara fue incendiado el jueves después de que se impidió que familiares pudieran recuperar el cuerpo de un hombre que se cree que murió por ébola.

El enojo se intensifica debido a que las prácticas de prevención de propagación del virus impiden que seres queridos manipulen los cuerpos en los ritos finales, luego de una enfermedad que algunos han descrito como repentina y dramática.

El virus del ébola se propaga por contacto estrecho con fluidos corporales de pacientes enfermos o fallecidos, como sudor, sangre, heces o vómito. Los expertos señalan que los trabajadores sanitarios y los familiares que atienden a los pacientes afrontan el mayor riesgo.

“La confianza es casi tan importante como la respuesta sanitaria, porque si se genera esta enorme desconfianza en las comunidades, no van a acudir a los centros de salud”, afirmó Heather Kerr, directora del Comité Internacional de Rescate en el país.

El conflicto armado en la región plantea otro desafío. Para viajar desde Bunia, la capital de la provincia de Ituri, hasta Mongbwalu, los grupos de ayuda corren el riesgo de ser objeto de posibles ataques en una región ubicada a más de 1.000 kilómetros (620 millas) de Kinshasa, la capital del Congo.

Mientras tanto, el brote ya supera los 900 casos sospechosos y más de 220 muertes sospechosas, informó el lunes el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

“Estamos intentando ponernos al día con una epidemia que avanza muy rápido”, manifestó.

“Todo en manos de Dios”

Mado Nditamba, una residente de Bunia de 70 años de edad, contó que ha visto a algunos estudiantes que salen corriendo para alejarse de los trabajadores humanitarios.

“La última vez que llegó el ébola, no fue a la escala que vemos hoy", relató Nditamba. "Pero esta epidemia es peor. Vamos a los médicos en los hospitales, pero ellos también mueren. Eso es lo que nos preocupa. No sabemos qué hacer y lo dejamos todo en manos de Dios”.

El Congo ha tenido 17 brotes de ébola, y la OMS afirma que el país está equipado para una respuesta. Pero las primeras pruebas en este brote se hicieron para un tipo de ébola más común, perdiendo valioso tiempo. Los expertos aún intentan determinar cuándo comenzó este brote.

Hay pocos lugares para hacer pruebas para detectar el tipo de ébola Bundibugyo en una región donde las clínicas a veces se ven obligadas a funcionar con generadores y donde un aeropuerto adaptado como centro humanitario ha estado en manos de rebeldes desde hace más de un año.

Trabajadores sanitarios le han dicho a la AP que están poco preparados y con poca protección. Actualmente hay un número desconocido de profesionales de la salud infectados, algunos de los cuales han muerto.

El domingo se informó de la muerte de un médico congoleño en Rwampara, señaló Rubens Dhedgia, coordinador de la respuesta al ébola en la región, en declaraciones a la AP. En la vecina Uganda, donde un número mucho menor de casos ha empezado a propagarse, al menos tres trabajadores sanitarios han infectado.

Y quizá lo más preocupante, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja afirma que tres voluntarios murieron en Mongbwalu después de que presuntamente manipular algunos cuerpos el pasado 27 de marzo como parte de labores no relacionadas con el ébola.

De confirmarse, esto retrasaría significativamente la cronología del brote respecto a la primera muerte confirmada a finales de abril en Bunia.

Algunos residentes aún creen que el ébola es un mito

Incluso mientras un encargado de una funeraria desempolvaba ataúdes para venderlos junto a una carretera en Bunia, los expertos informaron de una falta de confianza entre algunos residentes de la región que no creen en la existencia del virus.

Action Aid, otro de los grupos humanitarios internacionales que responden a la emergencia, aseguró que persiste un alto nivel de escepticismo y una falta de comprensión, luego de consultar con algunos residentes de la provincia de Ituri a mediados de mayo, poco después de que se anunció el brote.

“La única manera de avanzar, en lo que respecta a este virus en particular, es la participación comunitaria”, subrayó Yakubu Mohammed Saani, director de Action Aid en el Congo.

Aún se desconoce cómo mejorar ese aspecto, y hacerlo lo más rápido posible. En tanto, la OMS y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África creen que el brote tiene muchos más casos de los reportados hasta ahora.

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Adetayo informó desde Abuja, Nigeria. El periodista de The Associated Press Jean-Yves Kamale en Kinshasa, Congo, contribuyó con este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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