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David Toscana: “Casi todas mis novelas son quijotescas”

El autor mexicano David Toscana sitúa su novela “El ejército ciego” en uno de los episodios más sangrientos de la Edad Media, en el que miles de soldados búlgaros fueron cegados por órdenes del emperador bizantino Basilio II.

Su novela fue galardonada con el Premio Alfaguara de Novela 2026. Toscana la compara con una especie de leyenda o cuento de hadas, el jurado dijo que era una fábula oscura. Sus lecturas de “El Quijote” también se reflejan en ella.

A continuación, una charla con el autor.

Comprar tiempo

Toscana —Monterrey, México, 1961— fue ingeniero en las décadas de 1980 y 1990, pero pronto se dio cuenta de que lo que en realidad deseaba era escribir. Sus últimos proyectos de ingeniería los hizo, de hecho, para “comprar tiempo” para dedicarse a la literatura.

“Yo veía a ciertos héroes literarios, los escritores soviéticos, por ejemplo, que con tal de escribir se ponían en juego la vida, iban a prisión, los mandaban a campos de trabajos forzados, les pegaban un tiro en la nuca. Entonces, pasar penurias económicas era muy poco comparado con lo que muchos llegaron a pasar”, dijo.

Al final ganó la literatura y se pudo dedicar completamente a ella, publicando obras como “El peso de vivir en la tierra”, “La ciudad que el diablo se llevó”, “Olegaroy” y “El ejército iluminado”.

En casa no había ningún libro

Al crecer, su contacto con la literatura llegó gracias a una promoción de un supermercado que regalaba clásicos por compras en sus establecimientos.

“En casa no había ningún libro”, dijo. “Y recuerdo que muy pronto llegaron los clásicos a casa, no desaprovechaban la oferta, y eran estos libros de Bruguera por ahí del 74, 75, creo que fue la promoción. Entonces ahí me hice lector, pero faltaban muchos años para hacerme escritor”.

“El Quijote” era uno de los pocos títulos que estaban en su casa porque era parte del programa escolar y gracias al hidalgo de la Mancha dio el salto para ser escritor años después en una relectura.

“Casi todas mis novelas son quijotescas. Yo vengo de ahí y casi todos mis personajes aquí (en la novela) también tienen este trastorno para que la vida ya no sea la cotidiana, la ordinaria, la normal, la razonable y la lógica, sino que sea de los personajes que yo, como narrador, me pueda tomar libertades para imaginar”, dijo.

Todavía sigue releyendo al Quijote y lo usa para impulsarse en su escritura.

“Es un libro que abro constantemente cuando siento que me faltan baterías, como si fuera un texto sagrado. ‘Ábrete, sésamo, donde gustes. Y vamos a leer un fragmento’”, dijo. “Lo recomiendo”.

“El ejército ciego”

La novela parte de un capítulo verdadero de la historia, una terrible tortura para el ejército búlgaro derrotado al que el emperador bizantino Basilio II, conocido posteriormente como “el matabúlgaros”, ordenó que fuera cegado. Según los registros, el zar búlgaro Samuel, al ver de vuelta a su ejército de invidentes, cayó en enfermedad y murió casi inmediatamente.

“En uno de estos compendios de historia me topé con este párrafo con el que comienza la novela”, señaló. “Un historiador polaco, que también estuve leyendo para documentarme, lo decía muy claro: esto no es material para historiador, puesto que ya no tenemos ningún elemento para ir más allá, esto es material para un escritor, para un novelista”.

Pero Toscana no trató de abordarlo sólo desde la tragedia y el rigor de la realidad histórica. Se trata de 15.000 ciegos llegando a una ciudad de casi 30.000 habitantes para la que seguramente se convirtieron en una carga, además de enfrentar un gran rechazo.

“¿Qué tal si la tragedia la convierto en algo distinto?”, dijo. “Más en un espíritu mexicano de desacralizar las cosas… No, no es que el hecho termine por ser festivo, pero las circunstancias te llevan a no derrumbarte”.

Hay toda una gama de personajes, como un herrero que quiere seguir trabajando en su oficio y un gordo que llega con su mujer a hacer el amor como si tuviera ojos.

El ejército es cegado en el año 1014. La Edad Media está llena de batallas igual o más cruentas, como la leyenda de los 20.000 empalados de "Vlad el empalador” o la matanza de 30.000 sublevados en el hipódromo de Constantinopla. Pero el hecho de perder tantos ojos es distinto.

“Sí, hay muchas cosas incluso más crueles. Lo que ocurre es que la idea del ojo es siempre más impactante”, dijo Toscana. “Y por eso lo menciono aquí, que uno puede ser valiente si le van a cortar la cabeza, pero no si te van a sacar los ojos… Defiendes los ojos más que lo que defiendes la vida”.

Además, en nuestra época de pantallas las 24 horas, esa tortura suena a una desgracia mayor.

“Eso sirve también un poco para reflexionar cuánto le estamos entregando al ojo. Y el ojo es el protagonista de muchas cosas… En los noticieros, por ejemplo, a mí me llama la atención que hay muchas que no son noticias, pero tenemos la imagen.”, dijo Toscana.

“‘Se cayó un puente en Pakistán’. Pues me da lo mismo. Y si nadie me avisa, no me entero. Pero hay una imagen de un río que justo en el momento en que se cae el puente”, agregó. “Entonces nos atrapan siempre a través del ojo”.

Al leer “El ejército ciego”, es inevitable pensar en los jóvenes chilenos que durante el estallido social para cambiar las leyes y el gobierno de 2019 fueron heridos por carabineros que les disparaban balas de goma y bombas lacrimógenas. Este tipo de lesiones oculares severas provocadas llevó a la denuncia del Instituto Nacional de Derechos Humanos de Chile.

“Esto entra como comparación, porque es el Estado el que está condenándote de algún modo a perder el ojo”, dijo Toscana. “Es terrible y es lo más contemporáneo, creo, que tenemos de un castigo dirigido a los ojos”.

Una novela que no se ha escrito

La forma en la que “El ejército ciego” está escrita es peculiar: ocurre en diferentes sitios como Constantinopla, Bulgaria y el recorrido que hicieron los ciegos entre ambas. También tiene varios narradores.

“El lector tiene la libertad de pensar que son varios los narradores y que cada uno narra la escena. Yo me lo imaginé como una conversación de taberna donde un día cuentan esta anécdota y otro día cuentan otra. Y no lleva una sucesión”, dijo el autor.

Toscana también imagina que los acontecimientos se presentan como una fábula oscura, un cuento de hadas o una leyenda.

“La versión que ya nos toca a nosotros leer puede ser una versión que ya se fue manoseando”, dijo. “Donde ya todas estas historias tienen el derecho de exagerarse un poco... Y así son las leyendas y por eso nos gustan las leyendas, porque no se apegan a un realismo. Y al final la novela tiene una cosa curiosa, porque el narrador último nos dice que esta historia no se escribió, así que estamos leyendo una novela que no está escrita”.

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