Nueva Orleans celebra el Mardi Gras, el indulgente final del Carnaval

La gente se asomaba a los balcones de hierro forjado y gritaba la emblemática frase “Lánceme algo, señor" mientras un enorme desfile de Mardi Gras recorría la histórica avenida St. Charles de Nueva Orleans el martes.
El Mardi Gras marca el punto álgido y el final de la temporada de Carnaval, que dura varias semanas, y es una última oportunidad para el desenfreno, los banquetes y la fiesta antes del periodo cristiano de Cuaresma, un tiempo de sacrificio y reflexión. La alegre despedida del Carnaval siempre tiene lugar la víspera del Miércoles de Ceniza.
En la ciudad más poblada de Luisiana, famosa en todo el mundo por su fiesta de Mardi Gras, la gente se vistió con trajes verdes, dorados y morados; algunos optaron por una abundancia de lentejuelas y otros lucieron disfraces hechos en casa.
Los juerguistas empezaron a llenar las calles cuando salió el sol. Se instalaron con sillas, neveras portátiles, parrillas y escaleras, que les ofrecían un ángulo de visión más elevado.
Mientras pasaban las bandas de música y carrozas llenas de mujeres con enormes tocados de plumas, con la música retumbando en las calles de la ciudad, la gente bailaba y vitoreaba. Otros bebían, muchos sustituyendo el habitual café matutino por tragos alcohólicos en un día de celebración.
Cada desfile tiene sus propios “regalos": baratijas que incluyen collares de cuentas de plástico, dulces, doblones, animales de felpa, vasos y juguetes. Los cocos decorados a mano son el objeto más codiciado de Zulu, un multitudinario desfile que lleva el nombre del grupo étnico más numeroso de Sudáfrica.
Cuando un hombre disfrazado de cangrejo —con pinzas de tela roja a modo de manos— atrapó uno de los cocos, lo agitó en el aire y el brillo dorado de su cáscara relució al sol.
Sue Mennino vestía un traje blanco de inspiración egipcia, un tocado dorado y una capa translúcida. Llevaba brillantina en el rostro y una sombra de ojos azul eléctrico.
“El mundo seguirá ahí mañana, pero hoy es un día libre y es hora de festejar”, comentó Mennino.
La fiesta no se limita únicamente a la ruta del desfile. En todo el Barrio Francés, la gente se divertía en la calle, en los balcones y en los porches delanteros de las casas tipo “shotgun”.
Un desfile improvisado estuvo encabezado por un hombre que tocaba una tabla de lavar a modo de instrumento e iba disfrazado de caimán azul, con su cola de papel maché arrastrándose por la calle y barriendo sin querer las cuentas perdidas. Una banda de metales interpretaba “The Saints” mientras la gente bailaba.
En Jackson Square, entre la multitud disfrazada había un hombre pintado de cebra de pies a cabeza, un grupo que emulaba al juego de mesa Hippos Glotones, y un buzo con un casco antiguo de latón y cobre.
“La gente es la mejor parte”, afirmó Martha Archer, que iba vestida de Madame Leota, la médium incorpórea cuya cabeza aparece dentro de una bola de cristal en la atracción Mansión Encantada de los parques de diversiones de Disney.
Archer llevaba el rostro pintado de azul y su atuendo consistía en una mesa improvisada que le llegaba hasta el cuello, lo que daba la apariencia de que, en efecto, era una cabeza flotante.
“Todo el mundo está muy feliz”, agregó.
Los buenos momentos no se limitaron a Nueva Orleans, sino que llegaron a todo el estado: desde bailes exclusivos a la tradición cajún francesa del Courir de Mardi Gras, o carrera del Mardi Gras — un evento rural en el centro de Luisiana en el que participantes disfrazados actúan, piden ingredientes y persiguen gallinas vivas para cocinarlas en un gumbo comunitario.
También se celebran desfiles en otras ciudades de la costadel golfo de México como Mobile, en Alabama, y Pensacola, en Florida.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.






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