Miles de músicos y danzarines toman La Paz en la mayor fiesta religiosa de los Andes de Bolivia

El preste mayor y otros devotos trasladaron la imagen del Señor Jesus del Gran Poder desde su altar a la calle de un populoso barrio y tras la bendición del cura una atronadora banda dio inicio a la fiesta mayor de los Andes en Bolivia. Miles de músicos y danzarines tomaban las calles de La Paz en la celebración cultural y religiosa más emblemática de la ciudad.

El alcalde César Docweiler encabezó la procesión junto a los pasantes y otras autoridades. Hasta la madrugada del domingo, 74 fraternidades con hasta un centenar de integrantes cada una llenarán de sonidos, colores y danzas de la rica cultura y religiosidad andina declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural.

La festividad también es un motor económico que mueve millones de dólares en una economía en crisis, según las autoridades. Gran parte de los danzarines son comerciantes informales.

“Es cultura viva, es energía que renueva a la ciudad”, afirmó Andrés Zaratti, viceministro de Culturas.

Los danzantes participan por devoción al santo patrón.

“La única forma de agradecerle al tata es bailarle”, dice un danzarín de la danza morenos y exhibe una hermosa careta hecha por artesanos locales.

La festividad es una muestra del sincretismo religioso entre antiguas creencias de pueblos precolombinos con los ritos católicos y tiene fuerte presencia en ciudades del occidente boliviano. Nació hace un siglo en un barrio humilde y fue conquistando a la ciudad hasta convertirse en la principal identidad cultural. Surgió como una expresión de resistencia y de afirmación de sectores populares, mestizos y aymaras, según los expertos.

Las coloridas danzas andinas son también un orgullo de la diáspora boliviana por el mundo.

Los danzarines y músicos descienden por empinadas y estrechas calles hasta el centro de la ciudad a lo largo de cinco kilómetros atestados de espectadores.

Este año la festividad coincide con el inició del mes de ofrendas a la Pachamama (Madre Tierra). Cada 1 de agosto al amanecer, centenares de personas se dirigen hasta los cerros cercanos a la ciudad para hacer ofrendas a la Madre Tierra en agradecimiento por las cosechas y para pedir buenos augurios para los negocios y la salud.

Los rituales se realizan en altares de piedra, bajo una cruz, donde arden fetos de llama, dulces caseros en forma de botellas, lanas multicolores, pétalos de flores blancas, hierbas aromáticas e incienso al tiempo que un sacerdote aymara llamado “yatiri” murmura oraciones a la Madre Tierra.

Según la cosmovisión andina, la Pachamama despierta con sed y hambre tras el periodo seco y las ofrendas buscan saciarla antes de comenzar un nuevo ciclo agrícola. La costumbre arraigó en las ciudades donde se pide por la salud y los negocios. Los rituales se extenderán hasta el 31 de agosto.

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