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Cientos de fieles celebran en México la Candelaria llevando a bendecir sus figuras del "niño dios"

Figuras del Niño Jesús vestidas de gala, con humildes gorritos de lana, transportadas en cestas o en carritos de bebé inundaron el lunes las calles del centro de Xochimilco, un pueblo del sur de Ciudad de México que es uno de los lugares del país donde cada 2 de febrero se celebra con fervor el Día de la Candelaria.

Para la iglesia Católica esta festividad representa la purificación de la Virgen María a 40 días del nacimiento de su hijo y la presentación del recién nacido en la iglesia. Para miles de fieles de la capital es una oportunidad para demostrar su fe o para dar gracias llevando a sus “niños dios”, como les llaman los mexicanos, para ser bendecidos.

Georgina Castillo llevó a la catedral de Xochimilco una decena de figuras de toda su familia que han ido pasando de generación en generación.

“Mi niño dios es de madera, me lo heredó mi mamá”, explica la mujer para quien esas figuran son algo más que religión. “Es importante para la unión de la familia”.

Cada Día de la Candelaria las familias visten sus figuras con alguna prenda que representa a un santo o alude a un milagro que desean o simplemente como más les gusta. Algunos son reparados por artesanos especializados debido al simbolismo que tienen.

“Todos los niños que ve aquí tienen sus historias”, indicaba otra mujer, Cristina Rojas, contenta tras asegurar que traer el suyo es como llevar a la iglesia a alguien de su familia. “Lo cuidamos mucho, yo lo visto, le ponemos sus florecitas... Se siente bonito”.

En las calles de Xochimilco, la zona lacustre llena de canales del sur de la capital, no faltaba el domingo la música ni su “niño dios” más popular, una escultura conocida como “Niñopa” que los vecinos estiman como su patrón, nadie sabe con certeza quién la talló y que es guardada por turnos de barrio en barrio.

En la catedral se empezó a acumular gente desde temprano y el sacerdote terminó por celebrar la misa fuera de la iglesia debido al gentío y donde unos niños dioses esperaban la bendición al sol o expuestos sobre la hierba.

La convivencia de la jornada adquirió como cada año un sabor tradicional: el de los tamales, uno de los platos típicos del país hecho con masa de maíz que se rellena de distintas salsas o de pollo o carne. Los tamales no faltan ni entre los menos religiosos, que celebran la jornada comiendo tamales que paga aquel amigo o familiar que en la rosca del Día de Reyes, el 6 de enero, se encontró la figurita escondida.

Una vez bendecidas, las figuras volverán a su lugar en las respectivas casas donde sus dueños les seguirán rezando.

“Es mi tranquilidad, mi consuelo”, decía María Jesús Tejeda, una jubilada que pide a su niño dios que no le falte trabajo para complementar su escasa pensión.

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