El síntoma del embarazo que parece normal, pero que nunca deberías pasar por alto
Una investigadora en enfermería advierte sobre los riesgos que puede causar el dolor no tratado durante el embarazo
Entre la mitad y tres cuartas partes de las mujeres embarazadas sufren dolor durante la gestación que, en muchos casos, no es tratado, lo que genera sufrimiento y daños evitables. Muchas optan por no recurrir a medicamentos o terapias por miedo a afectar al bebé. Sin embargo, pocas conocen los riesgos que puede tener dejar ese dolor sin atención.
Yo misma viví un embarazo marcado por el dolor. Como investigadora en enfermería, recojo los relatos de otras mujeres y analizo datos de distintos puntos de Estados Unidos, que luego difundo en publicaciones, charlas y medios para visibilizar el problema y reducir el impacto del dolor no tratado durante el embarazo.
No es solo una “molestia”
A muchas mujeres se les dice que el dolor durante el embarazo es una incomodidad temporal, parte del proceso, y que desaparece apenas nace el bebé.
Pero cuando ese dolor impide dormir, trabajar o cuidar a otros hijos, deja de ser algo menor y pasa a ser un problema que necesita atención. Además, no siempre desaparece por sí solo. En algunos casos, dolores como el de espalda o los de cabeza pueden extenderse más de tres meses y volverse crónicos, con consecuencias para la salud general.

Buena parte de estos dolores tiene que ver con los cambios normales del embarazo. Las variaciones hormonales pueden provocar cefaleas y aflojar las articulaciones de la pelvis. Esa laxitud, sumada al peso del bebé en desarrollo, contribuye al dolor lumbar y pélvico. El aumento de peso también altera la postura y puede generar una curvatura anormal de la columna, conocida como lordosis.
El dolor de espalda y de la pelvis suele intensificarse en el tercer trimestre del embarazo, cuando el bebé alcanza su mayor peso. Por eso resulta clave que médicos y personas cercanas escuchen y crean a las madres cuando hablan de su dolor. Sin embargo, un metaanálisis —una revisión profunda de investigaciones previas— reveló que más del 50 % de las mujeres que reportaron dolor recibieron poca o ninguna atención médica.
Insuficiencia de los tratamientos actuales
Las opciones disponibles para tratar el dolor durante el embarazo son muy limitadas.
El Tylenol, aunque se considera seguro —pese a la controversia actual—, solo alivia dolores leves y resulta poco eficaz para el dolor muscular de moderado a intenso.
Otros tratamientos alternativos que también se recomiendan y pueden ser efectivos, como la aplicación de calor o frío, los masajes, los ajustes quiroprácticos, el ejercicio y la fisioterapia, suelen necesitar combinarse y aplicarse de forma constante. Además, no siempre están cubiertos por los seguros médicos.
El enfoque más efectivo combina varios tratamientos, entre ellos el ejercicio, que en muchos casos se realiza a través de la fisioterapia. Lamentablemente, este tipo de atención puede resultar costosa para las madres que no cuentan con un seguro adecuado y el nivel de conocimiento sobre estas opciones varía entre los profesionales de la salud.
Las consecuencias del dolor no tratado durante el embarazo
La investigación de mi equipo muestra que, cuando una mujer embarazada comunica dolor a su equipo de salud o a su entorno cercano, la respuesta habitual suele ser mandarla a casa, recomendarle reposo, Tylenol, iniciar la licencia por maternidad o una combinación de estas medidas. El problema es que estas indicaciones no contemplan la realidad de muchas madres que deben seguir trabajando o cuidando a otros hijos. Tampoco consideran que, para muchas, adelantar la licencia no es una opción, porque necesitan reservar ese tiempo limitado para después del nacimiento.
Ante la falta de alternativas, las madres casi siempre continúan trabajando o cuidando a sus hijos a costa de su propia salud. Cuando no logran cumplir con las exigencias del trabajo, de la familia o de ellas mismas, aparece la culpa y la sensación de no ser una buena madre o una buena trabajadora, un círculo que puede afectar seriamente la salud mental.
Sobre la autora
Julie Vignato es profesora adjunta de Enfermería en la University of Iowa.
Este artículo se publicó por primera vez en The Conversation y se publica bajo licencia Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.
Cuando el dolor no se trata, muchas mujeres se sienten minimizadas, no escuchadas y desbordadas, y con el tiempo pueden aparecer la impotencia y la desesperanza, síntomas propios de la depresión. Junto a mis colegas, descubrimos que cerca del 44 % de las mujeres con dolor intenso presentan síntomas depresivos moderados a severos durante el tercer trimestre del embarazo.
La depresión no tratada también puede derivar en suicidio, responsable de entre el 5 % y el 20 % de las muertes maternas en Estados Unidos.
En los casos de dolor severo, a algunas mujeres se les recetan analgésicos opioides o narcóticos. Sin embargo, una de cada cinco reconoce haberlos usado de manera inadecuada durante el embarazo para aliviar el dolor. Esto eleva el riesgo de que los recién nacidos sufran síndrome de abstinencia tras el parto, una condición que causa un sufrimiento significativo y que va en aumento, con un costo anual que supera los 462 millones de dólares.
Con el suicidio y las sobredosis de drogas ya entre las principales causas de muerte en el año posterior al parto, la urgencia de mejorar el manejo del dolor durante el embarazo es evidente.
Cómo hablar con firmeza sobre el dolor durante el embarazo
El manejo del dolor en el embarazo empieza con una conversación abierta entre la madre y su equipo de salud. Según nuestros estudios, al ajustar expectativas, contar cómo se sienten y preguntar por los tratamientos disponibles, las mujeres pueden asumir un rol más activo para que su dolor sea comprendido y atendido.
Las mujeres embarazadas son fuertes, pero también es normal bajar el ritmo: el embarazo invita a escuchar al cuerpo y a acomodar las expectativas, porque el equilibrio importa. Si el dolor te impide alzar a tu hijo pequeño, está bien; lo que él o ella recordará no será eso, sino los momentos compartidos, como acurrucarse juntos en el sillón.
A través de las investigaciones de mi equipo también descubrimos que hablar del dolor con las personas cercanas no siempre es fácil. Por eso conviene elegir un momento tranquilo, sin distracciones, en el que todos puedan escuchar y responder con atención. También ayuda ser clara sobre cómo te sientes y qué apoyo necesitas, usar frases en primera persona como “yo siento…” y dejar espacio para preguntas.

Comparte artículos confiables o invita a las personas cercanas a una consulta médica para que comprendan mejor lo que estás atravesando. Si alguien minimiza tu dolor, busca apoyo en otras personas que sí estén dispuestas a escucharte.
También es importante iniciar la conversación con tu médico, partera o enfermera especializada. Antes de la consulta, anota tus principales preocupaciones y las preguntas que quieras hacer.
Habla con honestidad sobre tu dolor, sobre todo si te impide dormir o realizar tus actividades habituales. Además, explica si es constante o aparece por momentos y describe cómo se siente —si es punzante, pulsátil, agudo o poco intenso—, ya que incluso el dolor leve pero persistente, cuando interfiere con el descanso o la vida diaria, es relevante.
Cuenta qué tratamientos ya probaste y qué resultados tuvieron. Si el dolor no mejora, vuelve a consultar para explorar otras opciones, como medicamentos con receta o una derivación a fisioterapia. A veces, hace falta más de una consulta para encontrar alivio.
Si el dolor continúa, vale la pena consultar con un especialista u otro profesional de la salud para tener otra mirada. Y si el tratamiento da resultados pero el seguro pide suspenderlo, es importante pedir al equipo médico que ayude a apelar esa decisión. En muchos casos, mantener el tratamiento durante todo el embarazo es clave para controlar el dolor.
El alivio es posible cuando el dolor se toma en serio y no se descarta como un costo inevitable del embarazo.
Traducción de Leticia Zampedri







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