¿Por qué el CGI en ‘She-Hulk’ es tan terrible?

La nueva serie de superhéroes de Disney+ ya ha sido criticada por algunos por sus efectos visuales de mala calidad; los fans de Marvel seguramente ya se están acostumbrando, escribe Louis Chilton

Jueves, 25 de agosto de 2022 11:12 EDT
<p>Músculos otra vez: Tatiana Maslany como Jennifer Walters en ‘She-Hulk: Attorney at Law’ </p>

Músculos otra vez: Tatiana Maslany como Jennifer Walters en ‘She-Hulk: Attorney at Law’

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No lo hagas enojar. No te gustará cuando esté enojado. Es... muy caro animarlo cuando está enojado. Así es como decía la vieja frase, ¿no?

She-Hulk: Attorney at Law de Marvel se estrenó en Disney+ el jueves 18 de agosto. Es una comedia legal ambientada en el interconectado Universo Cinematográfico de Marvel, y la serie de nueve episodios se centra en Jennifer Walters (Tatiana Maslany), la prima de Bruce “Hulk” Banner (Mark Ruffalo). Ella es una abogada con talento que se ve imbuida de poderes similares a los de Hulk tras contaminarse accidentalmente con parte de la sangre de Banner. Todos sabemos cómo funciona a partir de ahí: primero se pone verde del coraje, luego literalmente.

Incluso antes de que la serie se estrenara, ya había llamado la atención de algunas personas. El tráiler fue sometido al tribunal improvisado de Twitter y condenado a una semana de duras burlas; los fans se apresuraron a ridiculizar el aparentemente dudoso CGI utilizado para representar a Maslany como su gran y viridiscente alter-ego. Con independencia de lo que se piense sobre el aspecto de She-Hulk en el producto final (personalmente, no estoy seguro de qué tanto fotorrealismo la gente esperaba encontrar en un monstruo radiactivo de dos metros de altura), está claro desde el principio que las preocupaciones sobre el CGI eran válidas. El punto álgido llega al final del primer episodio, cuando los dos Hulks comienzan a enfrentarse en un remoto refugio de la selva. La pelea se convierte rápidamente en una fea mancha de efectos digitales ingrávidos y baratos.

A pesar de producir la franquicia cinematográfica más grande y rentable del mundo, Marvel Studios (filial de Disney) ha sido testigo de cómo sus efectos visuales son objeto de un creciente escrutinio en los últimos meses. Sin importar los muchos millones de dólares invertidos en efectos especiales, el resultado final suele ser completamente burdo. Hay excepciones, por supuesto: la vívida y estilizada paleta de colores de Guardians of the Galaxy Vol 2; algunas de las secuencias de la reciente secuela del Doctor Strange de Sam Raimi; partes de WandaVision que jugaban con diferentes estéticas influenciadas por la televisión. Pero, en su mayor parte, Marvel se ha convertido en sinónimo de un cierto tipo de mezcla de efectos visuales rimbombantes y sin encanto. ¿Es de extrañar que la franquicia se considere cada vez más el equivalente cinematográfico de la comida rápida?

Este factor de monstruosidad visual se ha convertido en un rasgo tan característico de la obra de Marvel que incluso los cineastas han empezado a criticarlos por ello. Hace un par de meses, Taika Waititi se burló de manera descortés de algunos de los CGI de su reciente película Thor: Love and Thunder, (aunque no se puede negar que la escena en cuestión resultaba extraña y descuidada). Muchos se han apresurado a defender a las casas de efectos visuales que Marvel emplea para implementar sus numerosos efectos especiales; han argumentado que la culpa recae directamente sobre los hombros de Marvel.

“Trabajar en los programas de #Marvel es lo que me llevó a dejar la industria de los efectos visuales”, tuiteó Dhruv Govil, un artista que trabajó en películas como Spider-Man: Homecoming y Guardians of the Galaxy. “Son un cliente horrible, y he visto a demasiados colegas colapsar después de estar sobrecargados de trabajo, mientras Marvel sigue apretando la cartera”. Otros han hecho afirmaciones similares. Marvel exige cambios enormes con poca antelación, y presuntamente mueve los plazos sin avisar. Da la impresión de que es un milagro que los efectos especiales acaben siendo remotamente utilizables.

Jessica Gao, la creadora de She-Hulk, ha hablado sobre su propia desconexión del aspecto de los efectos visuales. “La máquina se pone en marcha”, dijo a Variety. “Puedes intentar meterte todo lo que puedas, pero en un momento dado, te ves obligado a quitarte de en medio”. En la misma entrevista, admitió que después de haberle dado inicialmente “carta blanca”, el estudio le pidió con reiteración que cortara las escenas en las que aparecía She-Hulk para disminuir la carga de los efectos especiales.

La ironía, al menos en el caso de She-Hulk, es que se trata de un problema que ha creado la propia Marvel. Aunque la producción de sus numerosas series de televisión cuesta decenas de millones de dólares cada una, sus presupuestos son sustancialmente más bajos que los de las películas estrenadas en el cine, y tienen que extenderse a lo largo de una mayor duración, con temporadas de seis o nueve episodios. A pesar de su creciente protagonismo en la estrategia de los estudios, los programas de televisión siguen sin recibir los presupuestos de las grandes películas de Hollywood, y por una buena razón: no recuperan ese dinero. Pero mientras que la televisión tradicional anterior a los servicios de streaming hallaba maneras de adaptarse a las limitaciones presupuestarias del medio (es decir, reduciendo la decoración, reutilizando los escenarios y las localizaciones, renunciando a los actores de renombre y recurriendo a efectos prácticos más baratos cuando fuera necesario), She-Hulk intenta aproximarse al valor de producción de las películas de éxito de Marvel. No debería sorprender que esto no funcione.

Primos peligrosos: Mark Ruffalo como Bruce Banner y Tatiana Maslany como Jennifer Walters

A fin de cuentas, unos pocos efectos especiales de mala calidad no son el fin del mundo. El público siempre ha sido capaz de pasar por alto uno o dos gráficos de mala calidad si están al servicio de una escena bien escrita y actuada. No hay más que ver Buffy the Vampire Slayer y Doctor Who. Pero, con demasiada frecuencia, el tambaleante CGI de Marvel simplemente expone los problemas más profundos de su ejecución. La pelea entre Hulk y She-Hulk hacia el final del primer episodio de She-Hulk no solo es mala por el apresurado CGI. Es dramáticamente inerte, con una puesta en escena sin sentido y, en el caso de Ruffalo, con una actuación muy poco convincente. (El giro de Bruce Banner hacia la comedia ligera no hace ningún favor a la interpretación habitualmente sólida de Ruffalo).

Se supone que debemos, bueno, maravillarnos con el espectáculo. Pero en una época en la que el CGI de gama alta ha dominado más o menos la ilusión del fotorrealismo, la vara de lo que el público, incluso inconscientemente, llega a exigir de los efectos visuales se está elevando continuamente. Marvel tiene que empezar a superarla, o encontrar una forma mejor de contar sus historias.

She-Hulk ya está disponible en Disney+.

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