El regreso de ‘Malcolm in the Middle’ decepciona: pierde la esencia que la hizo especial
Annabel Nugent, fan incondicional desde hace mucho tiempo de la alocada comedia de los años 2000, se sintió decepcionada, mas no sorprendida, al descubrir que el ‘reboot’ no está a la altura del carisma extravagante de la serie original
Mientras que otras comedias de éxito de antaño se han mantenido activas durante sus años de pausa, exprimiendo al máximo la vaca lechera con pódcast de repaso y anuncios en el Super Bowl que insinúan un regreso lejano, Malcolm in the Middle ha permanecido relativamente inactiva. Desde que el neurótico niño genio de Frankie Muniz lanzó su birrete al aire en 2006, poniendo fin a seis años y siete temporadas de televisión gloriosamente caótica, el elenco y los creadores apenas han dicho nada sobre su querida serie.
Y por eso, les doy las gracias. Esto ha permitido que los antiguos fans hayan podido volver a ver la serie, y que los nuevos la hayan podido descubrir sin que el fantasma de un reboot por venir se cerniera sobre todo el proceso. Durante dos décadas enteras, a Malcolm se le permitió existir tal y como era: una comedia de situación excéntrica y perfectamente equilibrada sobre la familia más disfuncional de Estados Unidos, magníficamente interpretada y creativamente experimental. Siete premios Emmy no mienten, y la verdad es que debieron haber sido más.
Así que cuando se anunció el reboot de Malcolm allá por diciembre, me sentí un poco inquieta. Las noticias posteriores de que sería una miniserie de solo cuatro episodios calmaron un poco las preocupaciones, al igual que el tráiler, que apostaba fuerte por la nostalgia con escenas de destrozos, gritos incesantes y mi prototipo personal de un matrimonio duradero: Hal (Bryan Cranston) y Lois (Jane Kaczmarek) besándose en público. Me atrevería a decir que, en realidad, aunque con cautela, me emocionaba la idea de ver más de Malcolm. Ahora que he visto el reboot… mis primeras corazonadas eran correctas.
Ambientada en la actualidad, Malcolm ya es adulto y utiliza su coeficiente intelectual de 165 para el bien común al trabajar para una organización benéfica. Tiene una novia hermosa y una relación sana con su hija adolescente. ¿La vida es... buena? Él mismo apenas puede creerlo. “Mi vida es fantástica”, dice Malcolm a la cámara. “Lo único que tengo que hacer es mantenerme completamente alejado de mi familia”.
Esa familia está a cientos de kilómetros de distancia, viviendo en la misma casa en la que Malcolm creció, aunque está en mucho mejor estado que la última vez que la vimos. Su hermano mayor, Francis (Christopher Masterson), sentó cabeza, pero sigue teniendo problemas con su mamá; Reese (Justin Berfield) sigue siendo un peligro; Dewey (ahora interpretado por Caleb Ellsworth-Clark) es un pianista de gira y un casanova inverosímil; y Jamie, que era un bebé en la serie original, ahora es un tipo musculoso y se unió a la guardia costera. También está Kelly, la sexta hermana, quizás olvidada, cuya existencia salió a la luz por primera vez en el final de graduación hace tantos años, cuando descubrimos que Lois estaba embarazada. Kelly, interpretada por Vaughan Murrae, es no binaria.
Los problemas empiezan cuando Lois y Hal llegan a la casa de Malcolm sin avisar para exigirle que asista a la fiesta de su 40.º aniversario, solo para descubrir la vida secreta que él les ha estado ocultando. Su hija Leah (Keeley Karsten) también se queda boquiabierta, ya que su papá le había dicho que sus abuelos habían fallecido. Como incidente desencadenante, es prometedor y da pie a muchos conflictos (algo que la serie siempre ha sabido hacer bien). También es mordaz; que un hijo oculte a su familia por vergüenza no solo es diabólico, sino también triste.
Es una verdadera lástima, entonces, que la serie nunca llegue a la altura de su premisa. Los actores siguen siendo divertidos: la cara de Cranston es tan elástica y expresiva como siempre, y si cierras los ojos, Reese, Francis y Malcolm suenan exactamente igual que hace dos décadas, pero el guion les da cada vez menos que hacer. En cambio, la trama dispersa a los miembros de la familia por caminos individuales en el camino hacia el gran final. La formidable y brillante Kaczmarek se desperdicia en escenas en las que hace mandados sola mientras Hal se embarca en un viaje espiritual en solitario. Y claro, la idea de que Hal se encierre en una habitación después de ingerir un tazón lleno de alucinógenos suena como una subtrama clásica de Malcolm (absurda e hilarante), pero la forma prolongada en que se hace aquí hace que incluso parezca tedioso. Hal tarda más de un episodio en liberarse.
Si bien la serie original disfrutaba enviando a sus personajes a misiones secundarias (Hal y su marcha rápida; Malcolm y los Krelboynes; aquella vez que Reese intentó enviarse a sí mismo en un cajón a China para darle una paliza a su amigo por correspondencia), siempre supo que estaba en su mejor momento cuando la familia estaba junta, algo que apenas ocurre en este reboot. Los propios hermanos comparten tan poco tiempo en pantalla que uno empieza a pensar que hubo problemas de agenda.

Cuando finalmente se reúnen en la fiesta de aniversario del final, el reencuentro familiar es fugaz y se siente un poco barato. En medio de un desfile interminable de caras conocidas, desde los compañeros de la escuela militar de Francis hasta la madre distanciada de Stewie hacen su aparición, se siente intrascendente.
Aún más extraño es el álbum de fotos que Lois le prepara a Hal: una recopilación de mensajes de video de sus amigos e hijos que dan testimonio de lo gran hombre que es, acompañada de una música que te hace llorar. Una señalización tan descarada de la emoción resulta extraña, dado que una de las mejores cosas de Malcolm era que nunca tuvo que explicar el sentimentalismo detrás de los chistes: simplemente estaba ahí, por ejemplo, cuando los chicos se unieron para apoyar a Lois frente a la familia altiva de Hal. O cuando Lois se puso en plan John Wick con las chicas populares que engañaron a Reese para que fuera al baile de graduación con un cerdo. O las innumerables veces que Hal demostró ser el esposo devoto por excelencia. La serie original era como Los Simpson en ese sentido, hilarante pero llena de corazón.

Y dado que se trata de una serie cuyo objetivo aparente es rendir homenaje a una audiencia fiel, pasamos muchísimo tiempo con sus nuevos personajes, concretamente Kelly y Leah, quien tiene problemas para hacer amigos en su escuela privada. Esto nos lleva a lo que sospecho que puede ser la verdadera razón de este relanzamiento: preparar un posible spin-off centrado en Leah, quien, de manera reveladora, heredó los poderes de su padre para romper la cuarta pared.
Las comedias de situación antiguas tienden a envejecer a un ritmo similar al de la leche o los embutidos, pero Malcolm era diferente en ese sentido: a pesar de su inconfundible ambientación de principios de los 2000, la serie se sentía atemporal en cierto modo: una historia excéntrica de auténticos bichos raros que se puede ver ahora tan bien como entonces. Es lamentable que el reboot no haya logrado recuperar su carisma extraño, pero no es de extrañar. Por suerte, las seis temporadas de la serie original también están disponibles en Disney +. Mejor vuelve a verlas.
Traducción de Michelle Padilla







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