Por qué no debes subestimar a Keanu Reeves

La estrella, quien retomó su papel de Neo en The Matrix Resurrections de Lana Wachowski, la cuarta entrega de la franquicia Matrix, es una de las estrellas más injustamente criticadas de su época, dice Geoffrey Macnab, quien ofrece una retrospectiva a su carrera de 30 años

jueves 23 diciembre 2021 19:53
The Matrix Resurrections: No He Olvidado El Kung Fu (Latin America Market Featurette Subtitled)
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Han pasado 30 años desde el momento en Point Break (1991) de Kathryn Bigelow donde un detective mayor del FBI expresa su desprecio por el joven agente especial Johnny Utah, interpretado por Keanu Reeves. “Eres un verdadero idiota cualquiera, ¿no es así, chico?”, Se burla el detective. “Joven, tonto y llena de semen”.

El diálogo se ciñó a Reeves. Muchos críticos de cine tuvieron en muy baja estima al actor canadiense. Al principio de su carrera, acumuló nominaciones Golden Raspberry por la “peor actuación” del año.

No obstante, se puede argumentar con fuerza que Reeves es en realidad una de las estrellas más injustamente criticadas de su época, un actor con talento tanto para la acción como para la comedia, y con un rango mucho más amplio de lo que afirman sus detractores. Al principio de su carrera demostró que podía pasar sin ningún problema de la obra cómica de Bill & Ted's Excellent Adventure (1989) a interpretar a héroes aventureros, solitarios y existencialistas en películas como Point Break y Little Buddha Bernardo Bertolucci (1993).

“Su tipo de actuación siempre ha sido un poco incómoda”, dijo de él una vez Jan de Bont, quien lo dirigió en el éxito de taquilla de la bomba en el autobús, Speed, pero lo dijo como un cumplido. Reeves no es el personaje machista que habla rápido y está seguro de sí mismo, típico de otras películas de acción de los noventa. Tenía una cualidad titubeante e introspectiva, incluso una timidez, lo que lo hacía mucho más atractivo e intrigante.

Reeves ha sobrevivido a casi todos sus rivales de los noventa. Ahora está de vuelta en la pantalla en The Matrix Resurrections de Lana Wachowski, la cuarta entrega de la franquicia Matrix, donde interpreta de nueva cuenta al mítico personaje Neo y otra vez toma esas extrañas píldoras. Continúa encontrando oro de taquilla con sus thrillers de John Wick. Ahora en sus cincuenta y tantos, es aceptado por una generación más joven que no recuerda sus películas de acción de los noventa, mientras que todavía es mirado con nostálgico afecto por un público mayor que lo vio por primera vez mientras surfeaba, robaba bancos o tomaba volante de un autobús fuera de control.

Algunos de los contemporáneos de Reeves, como Patrick Swayze, han muerto. Otros, como Johnny Depp, han visto su reputación derrumbarse en medio de controversias y escándalos. Sin embargo, el nombre de Reeves permanece intacto, tanto en la pantalla como fuera de ella.

Los detractores del actor a menudo señalan a Johnny Mnemonic (1995), un thriller de ciencia ficción futurista que se desarrolla en el año 2021, y no hace un mal trabajo en imaginar la realidad tal como la experimentamos hoy.

“Por su actuación robótica, nunca adivinarías que se supone que es un hombre de carne y hueso”, escribió The New York Times acerca de la estrella. En la película, interpreta a un mensajero de la mafia, que tiene un día para deshacerse del chip de memoria en su cerebro o explotará. No es ni remotamente una actuación convincente, pero eso tiene tanto que ver con la realización cinematográfica pretenciosa como con cualquier deficiencia inherente a su actuación. Si quieres ver a Reeves en una película de ciencia ficción de alto concepto, es mucho mejor recurrir a la primera película de The Matrix (1999), en la que sobresale. No es solo su carisma como Neo, acentuado por esos lentes oscuros y largos abrigos de cuero negro. Más importante aún, Reeves es el punto de entrada al universo alucinante y laberíntico de los Wachowski. Con un protagonista menos simpático, la película fácilmente podría haber sido incomprensible y muy pretenciosa.

Reeves y Patrick Swayze en Point Break de Bigelow

La desgracia de Reeves fue que se convirtió muy rápido en un ícono popular. En el Reino Unido, The Modern Review, la revista irreverente de “baja cultura para intelectuales” fundada por los periodistas Julie Burchill y Toby Young, lo puso en la portada con el torso desnudo y con la línea “joven, tonto y lleno de semen” en letras negritas como titular. Afirmaron que lo admiraban, pero había algo inherentemente condescendiente en su enfoque. Lo trataban como a un tonto masculino, como un festín para el ojo de los estudiantes de estudios de medios.

En este período, Reeves trabajó en algunas de sus mejores obras iniciales, en particular en Point Break y My Own Private Idaho (1991) de Gus Van Sant, en el que interpretó a un estafador callejero. También fue mucho más atrevido en sus elecciones de lo que se le reconocia por el público, listo para probar su suerte en todo, desde adaptaciones de Shakespeare (una mala idea al final) hasta películas de vampiros (fue excelente como el protagonista romántico Jonathan Harker frente al chupasangre Conde Vlad interpretado por Gary Oldman en la adaptación de Francis Ford Coppola, Bram Stoker’s Dracula).

Bigelow merece crédito por darse cuenta del potencial de Reeves como estrella de cine de acción. Vio que tenía la presencia en la pantalla para interpretar al agente del FBI en Point Break. Según los informes, tuvo que luchar duro para conseguir que los jefes de estudio muy escépticos lo eligieran. “Tiene que ser él”, insistió.

En su papel de John Wick en John Wick: Chapter 3 – Parabellum del 2019

Reeves fue el equivalente los noventa a esas estrellas de cine epicenas de las décadas de 1940 y 1950, como Audie Murphy y Montgomery Clift, quienes terminaron por ser sorprendentemente efectivos en westerns y películas de guerra. No era uno de esos tipos duros y ultramachos de Lee Marvin. Tenía una sensibilidad que les faltaba. Ese era el punto. No era un matón. Incluso en los papeles más oscuros, conservó su calidad de chico de al lado.

Reeves es en efecto un consumado actor de pantalla. Desde el comienzo de su carrera cinematográfica, entendió que menos valía más. Los personajes de sus películas rara vez delatan la emoción. En John Wick, el protagonista reacciona al asesinato de su amado perro de la misma manera que los personajes de Clint Eastwood reaccionaban ante la muerte de sus seres más cercanos y queridos en spaghetti westerns y westerns de la guerra civil. Es decir, reprime y reprime el dolor. Cuanto menos sentimiento muestra, más comprende la audiencia la magnitud de su duelo.

Puedes comprender de forma fácil por qué Reeves fue elegido para narrar el documental de 2015, Mifune: The Last Samurai, un relato hagiográfico de la vida y la época de la gran estrella japonesa, Toshiro Mifune, que surgió a la fama por Yojimbo y Seven Samurai.

Reeves en su papel como el romántico personaje principal Jonathan Harker y Winona Ryder como Mina Harker en Bram Stoker’s Dracula de 1992, dirigida por Francis Ford Coppola

“Sin él [Mifune], no habría habido Magnificent Seven. Clint Eastwood no habría tenido un puñado de dólares y Darth Vader no habría sido un samurái”, entona Reeves en su narración. “Él [Mifune] se dedicaba a dos de sus pasatiempos favoritos, los automóviles y el alcohol, a menudo al mismo tiempo”.

Reeves podría haber agregado fácilmente que su propia carrera podría no haberse desarrollado de la manera en que lo hizo si Mifune no hubiera creado primero la plantilla para el héroe de acción moderno. Sin embargo, Keanu tiene cualidades de las que Mifune carecía. Es mucho más relajado en la pantalla que la estrella japonesa. También posee una cualidad inescrutable que muchas de las grandes estrellas de cine han compartido. No estamos seguros de lo que piensa. Su rostro es un lienzo en el que los espectadores pueden proyectar sus propios sentimientos más íntimos.

Reeves tampoco ha sido relegado al mundo crepuscular de las películas de bajo presupuesto que siguen la misma fórmula habitado por otras estrellas de acción como Nicolas Cage y Liam Neeson. Las películas de John Wick pueden ser un cliché en términos de trama, pero están hechas con presupuestos saludables y presentan acrobacias extravagantes y coreografiadas de maneras muy elaboradas. Se trata de movimiento y espectáculo. Permiten a Reeves mostrar su gracia de ballet, otra cualidad que los críticos suelen pasar por alto.

Al verlo deslizarse de manera elegante a través de una serie de situaciones cada vez más peligrosas, te das cuenta de que es un héroe de acción más en la tradición de estrellas silenciosas como Douglas Fairbanks en su papel del Zorro, que de contemporáneos mastodontes como Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger.

Alex Winter en el papel de Bill y Keanu Reeves como Ted en Bill & Ted Face the Music del 2020, la tercera entrega en la serie de Bill & Ted

En estos días, Reeves no solo aparece en películas de acción y reboots de la serie Matrix y Bill & Ted. Ha producido documentales intrigantes, como Side By Side de 2012, sobre el paso del cine del celuloide al digital, y dirigió una película, Man of Tai Chi en 2013. Lo subestimas a tu propio riesgo. Como sugiere su título, es posible que la franquicia de Matrix necesite ser resuscitada, pero Reeves llega a la película desde una posición de fuerza. El detective del FBI que se burló de él en Point Break estaba muy equivocado, al igual que todos esos críticos resentidos que lo han menospreciado desde los días de Bill & Ted. No era tonto entonces y no lo es hoy. Quizás ahora, después de 68 películas y a los más de 30 años de su “muy excelente” (como la llamarían Bill y Ted) carrera, obtendrá el respeto que se merece.

'The Matrix Resurrections' ya está en los cines

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