Joan Didion: Déjenme decirles que era valiosísima

Después de la muerte de la autora y periodista a los 87 años, Kevin EG Perry rinde homenaje a una singular escritora bendecida con asombrosos poderes de percepción

viernes 24 diciembre 2021 00:05
<p>A lo largo de su vida, creó poderosas historias inspiradas en el caos y el desorden de la vida estadounidense </p>

A lo largo de su vida, creó poderosas historias inspiradas en el caos y el desorden de la vida estadounidense

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Joan Didion, quien trabajó como escritora durante toda su vida, falleció hoy en Nueva York a los 87 años. Su trabajo, tanto de ficción o periodismo, fue lúcido, preciso y perceptivo, y siempre con el toque de su característico ingenio seco. “Si hubiera tenido la suerte de tener acceso aunque fuera limitado a mi propia mente, no hubiera tenido ninguna razón para escribir”, explicó en su ensayo de 1976 Why I Write. “La única razón por la que escribo es para averiguar lo que estoy pensando, lo que estoy mirando, lo que veo y lo que significa. Lo que quiero y lo que me da miedo”.

Didion nació el 5 de diciembre de 1934 en Sacramento, California, y tenía solo cinco años cuando escribió su primer cuento gracias al apoyo de su madre. Cuando era adolescente, escribía a máquina las obras de Ernest Hemingway de manera obsesiva, y así aprendió el ritmo y la simplicidad de la escritura clara y declarativa. A los 21 años, mientras estudiaba una licenciatura en Letras Inglesas en Berkeley, escribió un ensayo sobre el arquitecto de San Francisco William Wilson Wurster y se inscribió en un concurso patrocinado por Vogue. Obtuvo el primer lugar y su premio fue un trabajo como asistente de investigación en la revista y el comienzo de una nueva vida en Nueva York.

Didion pasó siete años en Vogue y trabajó hasta ascender al puesto de editora asociada, pero sintió nostalgia por California. En 1963, publicó su primera novela, Run, River, que habla sobre las vidas de los bisnietos de los pioneros de California. Al recordar la novela más tarde en su colección de ensayos de 2003 Where I Was From, Didion analizó el libro como una obra de falsa nostalgia, que retrata una versión idílica de California que puede que nunca haya existido.

Su amigo John Gregory Dunne, un colega escritor, la ayudó a editar el libro y se casaron un año después. Después de regresar a California, la pareja generó ingresos escribiendo artículos en revistas, pero en 1967 la revuelta social en el estado y el país en general había hecho que Didion, de 32 años, dudara de sí misma. The Saturday Evening Post la envió para informar sobre el Verano del amor en San Francisco, y Didion escribió más tarde que su motivo para ir había sido que “llevaba varios meses sin poder trabajar, estaba paralizada por la convicción de que escribir era un acto irrelevante, que el mundo tal como yo lo había entendido ya no existía. Si tuviera que volver a trabajar, tendría que hacer las paces con el desorden”.

Y en San Francisco encontró caos, que fue lo que relató en una cruda comparación con la imagen utópica presentada por aquellos involucrados en la contracultura. En uno de los momentos más asombrosos de su ensayo Slouching Towards Bethlehem, que dio título a una colección de 1968 de su trabajo en revistas, se encuentra con una niña de cinco años llamada Susan que está bajo los efectos del LSD que le ofrecieron sus padres. Recordó este momento aparentemente impactante en el documental de 2017 Joan Didion: The Center Will Not Hold, dirigido por su sobrino Griffin Dunne. “Déjame decirte que fue valiosísimo”, dijo Didion a Dunne con alegría. “Cuando cubres una noticia, vives momentos como ese. Buenos o malos”.

Este desprendimiento moderado, junto con una mirada penetrante que se negaba a apartar la mirada, definió el estilo de Didion. Ella retuvo esa misma sensación de frialdad incluso cuando la atención estaba en sí misma. En el ensayo que da título a su colección de 1979 The White Album, Didion documenta su propio ataque de nervios una década antes. Didion escribe que se sometió a una evaluación psiquiátrica, después de la cual se le diagnosticó un ataque de vértigo y náuseas. “A modo de comentario”, escribió, “solo puedo decir que un ataque de vértigo y náuseas no me parece ahora una respuesta inapropiada al verano de 1968”.

Durante los años setenta, Didion escribió y publicó varias novelas más, como la de 1970 Play It As It Lays, un relato sobrio y elegante sobre una mujer internada en un hospital psiquiátrico. Cuando el libro se adaptó a una película en 1972, Didion y Dunne escribieron el guion. La pareja terminó siendo de los guionistas mejores pagados de Hollywood, y su trabajo incluyó la adaptación de 1976 de A Star Is Born con Barbra Streisand y Kris Kristofferson, y True Confessions de 1981, basada en la propia novela policiaca de Dunne ambientada en Los Ángeles.

El 30 de diciembre de 2003, mientras su hija adoptiva Quintana Roo Dunne estaba en coma, Dunne sufrió un infarto durante la cena y murió. Menos de un año después, el 4 de octubre de 2004, Didion se sentó a escribir sobre cómo vivió el duelo mientras lidiaba con la grave enfermedad de su hija. Ochenta y ocho días después resurgió con The Year of Magical Thinking, el cual todavía se considera una de las obras esenciales sobre el dolor y el duelo. “Te falta una sola persona y el mundo entero está vacío”, escribió. El libro fue nominado a un Premio Pulitzer y ganó el Premio Nacional de Libros de No ficción de 2005. El 26 de agosto de 2005, mientras promocionaba su libro en Nueva York, Didion se enteró de que su hija había muerto de pancreatitis aguda. Nuevamente, en lugar de ignorar la situación, Didion escribió con franqueza sobre esta experiencia en su trabajo de 2011 Blue Nights.

A lo largo de su vida, Didion creó poderosas historias inspiradas en el caos y el desorden de la vida estadounidense. Ella entendió el poder que tienen las historias, no solo para narrar nuestras vidas, sino para también darles forma. Como escribió en el párrafo inicial de The White Album: “Nos contamos historias para vivir… Buscamos el sermón en un suicidio y la lección social o moral en un asesinato de cinco. Interpretamos lo que vemos, seleccionamos la opción más viable entre todas las que tenemos. Vivimos completamente... a través de la imposición de una línea narrativa sobre imágenes desiguales, de las ‘ideas’ con las que hemos aprendido a congelar la fantasmagoría cambiante, que es nuestra experiencia verdadera”.

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