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Se despertó con "Estamos en guerra" en Ucrania. Ahora Mariia Vainshtein es campeona de tenis en NY

MARIIA VAINSHTEIN
MARIIA VAINSHTEIN (AP)

Mariia Vainshtein nunca oyó el ruido y durmió de corrido durante aquella noche horrible de hace cuatro años.

No tenía el teléfono cerca de la cama cuando se despertó a la mañana siguiente —probablemente se lo habían quitado sus padres por alguna travesura adolescente, sospecha ahora entre risas—, así que no pudo enterarse de las noticias del día. En cambio, simplemente le preguntó a su madre cuándo podría llevarla a la escuela.

Anzhelika Kotliantseva sabía que no iban a ir a ninguna parte en Ucrania ese día. No después de haber pasado horas despierta, escuchando las explosiones cercanas que comenzaron cuando Rusia lanzó su invasión.

“Mi mamá estaba como: ‘¿Cómo que qué quieres decir? ¡Estamos en guerra! ¡No hay escuela, no hay nada!’”, contó Vainshtein.

En cuestión de días, un sueño de algún día ir a Estados Unidos para estudiar se convirtió apresuradamente en realidad, una para la que no estaba preparada. Sin dominio del inglés, sin su padre con ella para consolarla en los días en que volvía de la escuela molesta después de que otros chicos se burlaran de su manera de hablar.

Esos difíciles primeros días ya quedaron atrás. Con 17 años, Vainshtein es campeona de tenis de secundaria en la ciudad de Nueva York y quizá siga jugando cuando vaya a la universidad en otoño.

“Estoy muy orgullosa de ella. Muy orgullosa”, expresó Kotliantseva. “Me emociona muchísimo que vaya a la universidad, y ha llegado tan lejos en tan poco tiempo”.

Para Vainshtein, el tenis siempre ha sido una cuestión de crecimiento personal

Vainshtein ayudó a la James Madison High School, en Brooklyn, a ganar el campeonato escolar en 2024, su primer título desde 1978. También ganó la competencia individual y, el verano pasado, sumó el trofeo de su división en la Mayor Dinkins Cup, un torneo para jugadores de la ciudad de Nueva York tanto de escuelas públicas como privadas.

Odesa, la ciudad natal de Vainshtein, ha producido a tenistas profesionales como Elina Svitolina, quien alcanzó las semifinales del Abierto de Australia este año, y Dayana Yastremska. Su padre también jugaba cuando era más joven. Pero su introducción al deporte a los 5 años fue por razones médicas tanto como físicas.

Cuando era más pequeña, le costaba enfocar la vista, y un médico recomendó que la inscribieran en un deporte en el que tuviera que seguir una pelota. Vainshtein jugó torneos juveniles en Ucrania, y su tenis pasó a otro nivel cuando empezó a entrenar en el Cary Leeds Center for Tennis & Learning, en el Bronx.

Hizo pruebas y fue aceptada en el programa gratuito de becarios-deportistas de New York Junior Tennis & Learning para los grados 3-12, donde la instrucción de tenis se combina con educación en habilidades para la vida. Cuando Rob Cizek empezó a trabajar con Vainshtein, pudo notar que era una jugadora agresiva a la que le gustaba ganar puntos con su potencia, pero que a veces se apresuraba demasiado. Cizek, que estudió psicología deportiva cuando era tenista universitario, hace del enfoque mental un aspecto de su entrenamiento, y eso le dio resultados a ella dentro y fuera de la cancha.

“Les hablamos: ‘OK, ¿qué pasó aquí? ¿Cómo manejaste esto? ¿Cómo puedes manejarlo mejor la próxima vez?’, y creo que eso es algo que a veces se pasa por alto”, explicó Cizek. “Pero para mí es una parte realmente importante de su crecimiento, tanto fuera de la cancha como más adelante cuando enfrenten la adversidad, situaciones difíciles, y tengan algunas herramientas para manejarlo”.

Vainshtein y su familia ya habían tenido que lidiar con eso.

Lejos de casa

Odesa es una ciudad portuaria en el mar Negro y fue uno de los primeros objetivos de los ataques de Rusia, con explosiones que se escucharon antes del amanecer el 24 de febrero de 2022. Su familia primero corrió a un refugio antibombas y luego huyó a la vecina Moldavia. Al decidir que aun así no sería seguro en Ucrania, Kotliantseva llevó a sus dos hijas a Nueva York, donde viven los padres y la hermana de su esposo y padre de Mariia, Oleksandr. Solo que él no pudo unirse a ellas, porque a los hombres se les prohibió salir de Ucrania.

“Fue terrible. En tres días decidimos mudarnos, yo y mis dos hijas, y mi esposo se quedó en Ucrania, y no sabíamos si lo volveríamos a ver ni cuándo lo volveríamos a ver”, relató Kotliantseva, quien, como muchos, al principio pensó que la guerra sería corta.

“Nos llevamos ropa para dos meses”, agregó.

Ahora ven a Oleksandr, que se ha quedado en la casa familiar en Odesa, un par de veces al año, y él ha podido ver jugar a su hija. Se encuentran ya sea en Estados Unidos u otro país, ya que los padres de Vainshtein han considerado que Ucrania es demasiado peligrosa como para dejarla regresar desde que se fueron.

Vainshtein esperaba venir a Estados Unidos para la universidad, lo que habría significado este año —la escuela en Ucrania llega hasta lo que sería el 11.º grado en las secundarias estadounidenses—. Pero su madre seguiría en casa con su esposo de no ser por la guerra.

“Lo hice por mis hijos y ahora estoy bien. Me adapté. Fue difícil”, señaló Kotliantseva.

Y lo fue especialmente para su hija, que entonces estaba en octavo grado. Aunque en Ucrania los estudiantes están obligados a estudiar inglés, Vainshtein explicó que eso era más escritura y gramática. No servía de mucho a la hora de hablar y entender —especialmente en Nueva York, donde lo hacen rápido.

Les suplicaba a los maestros que no la llamaran en clase para que no se rieran de ella, y preguntaba si con solo entregar todas sus tareas sería suficiente.

“En realidad, lo que la gente hacía era decir: ‘Tienes que aprender inglés. Vuelve a tu país y aprende inglés’”, contó Vainshtein. “Como, ¿qué quieres decir con que vuelva? Mi país está en guerra, así que no puedo volver”.

‘Voy a jugar pase lo que pase’

Un punto de inflexión llegó cuando uno de sus maestros le negó su solicitud de usar ayuda de traducción. Eso empujó a Vainshtein a mejorar su forma de hablar, hasta el punto de que por fin se sintió segura para exponer en clase.

Tan segura, de hecho, que aunque James Madison se quedó corta en sus aspiraciones de repetir el título de tenis en el último año de Vainshtein, ella tiene la mira puesta en otro campeonato. Integra el equipo de la escuela que terminó segundo en el estado en la competencia “We the People”, donde los estudiantes deben demostrar su conocimiento de la Constitución y la ley mediante audiencias simuladas del Congreso, y se dirigen a la fase nacional esta primavera.

La preparación para eso ha puesto el tenis de torneos un poco en pausa, aunque Vainshtein todavía hace el trayecto de más de una hora desde Brooklyn hasta el Bronx cada fin de semana para su largo día de práctica. Pronto, quizá tenga que decidir qué papel ocupará el deporte que la ayudó a adaptarse a un nuevo país.

Ha solicitado ingreso a algunas universidades de la Ivy League, y no está segura de jugar si asistiera a una de ellas. Pero probablemente podría hacerlo en escuelas de la parte baja de la División I hasta la parte alta de la División III, que también podrían considerarse.

“No es como que si voy a una escuela donde no puedo estar en un equipo, no es como que vaya a dejar de jugar tenis”, afirmó Vainshtein. “Voy a jugar pase lo que pase”.

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Deportes AP: https://apnews.com/deportes

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