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La lucha por una selección femenina afgana va más allá del fútbol para sus defensoras

AFGANISTÁN-REFUGIADAS
AFGANISTÁN-REFUGIADAS (AP)

Para la exjugadora y activista Khalida Popal, el reconocimiento formal de un equipo de refugiadas afganas en el escenario internacional no se trata solo de fútbol.

El Consejo de la FIFA acordó la semana pasada, durante una reunión en Vancouver, modificar su reglamento para reconocer al equipo tras una larga campaña de Popal, defensores de las mujeres y otras personas. Ello significa que algún día una selección afgana podría clasificarse para el Mundial o los Juegos Olímpicos.

Fue un momento de celebración para Popal después de años de lucha.

“Siempre se ha tratado de la identidad, siempre se ha tratado de la misión más grande, más allá del fútbol. No somos el equipo más habilidoso del mundo; si miras nuestra clasificación, nuestros resultados, nunca se ha tratado solo de fútbol”, dijo Popal en declaraciones a The Associated Press. “Por supuesto, el fútbol es el amor y la alegría que aporta. Nunca lo olvidaremos, pero se trataba más de quiénes somos como identidad, las mujeres de Afganistán”.

Popal fue una de las integrantes fundadoras en 2007 de la selección nacional de Afganistán, que luchó por ser aceptada antes de que el ascenso de los talibanes al poder derivara en una prohibición para que las mujeres practicaran deportes. En 2021, desempeñó un papel clave para ayudar a las jugadoras a huir del país cuando cayó Kabul.

Popal, las jugadoras que escaparon y otros defensores del equipo impulsaron posteriormente una campaña para reactivar a la selección nacional como un equipo de refugiadas que pudiera ser elegible para competir por plazas en torneos internacionales.

La victoria para el equipo, que compite bajo el nombre Mujeres Afganas Unidas, también despejó el camino para otros conjuntos que puedan enfrentar circunstancias similares en el futuro.

“Han dado este gran paso no solo para permitir que las mujeres de Afganistán representen al país como selección nacional, sino que también han cambiado y adaptado los estatutos para que ningún equipo en situaciones como la nuestra, que hemos enfrentado, sufra como hemos sufrido y sacrificado”, recalcó Popal. “Así que este cambio no es sólo para Afganistán y el futuro de las mujeres afganas, sino que es un cambio para el fútbol a nivel mundial”.

Más de 80 jugadoras refugiadas afganas están actualmente dispersas por Australia, Estados Unidos y Europa. Recientemente se realizaron dos campamentos para las mujeres, uno en Inglaterra y otro en Australia.

Se espera que el equipo, dirigido por la escocesa Pauline Hamill, dispute un par de partidos amistosos durante la próxima ventana internacional de junio. Aún no se han determinado la sede ni los rivales de los encuentros.

“Creo que lo que esto viene a decir es que las mujeres pueden unirse, y que el deporte realmente puede ser este vehículo o este conducto para el cambio”, indicó la directora de fútbol de la FIFA, Jill Ellis. “Creo que por eso trabajamos tan duro dentro de la FIFA para llevar el fútbol femenino a todos los países, porque todos reconocemos los beneficios en la sociedad de tener mujeres fuertes y seguras.

"Pero ahora verlo en una declaración tan contundente, creo que simplemente refuerza que el deporte no sólo puede unir a las personas, sino crear cambios y crear oportunidades, y con razón, para quienes no las tienen o se las arrebataron”.

Popal fue capitana de la selección nacional en sus primeros años, pero se vio obligada a huir del país debido a amenazas contra su vida y se estableció en Dinamarca.

Siguió vinculada al equipo y en 2018 ayudó a sacar a la luz abusos sexuales y físicos relacionados con el programa femenino. Keramuddin Keram, presidente de la federación, fue suspendido de por vida por la FIFA en medio de acusaciones de abuso sexual.

Popal formó parte en 2021 de una coalición internacional —que incluyó al sindicato mundial de futbolistas FIFPRO—, la cual ayudó a unas 75 personas vinculadas con la selección femenina a escapar del país en circunstancias aterradoras.

El primer paso hacia el reconocimiento formal del equipo de refugiadas llegó el octubre pasado, cuando las refugiadas afganas jugaron en un torneo que incluyó a Chad, Libia y Túnez en Marruecos.

“Esto es más que sólo fútbol; se trata de enviar un mensaje de que ningún gobierno debería tener el poder de borrar a las mujeres de la vida pública”, enfatizó Andrea Florence, directora general de la Sport & Rights Alliance. “Estamos encantados de que la FIFA haya escuchado a las mujeres afganas y haya abordado este vacío en sus estatutos. Esperamos alentarlas durante muchos años”.

La elevación del equipo recibió aplausos de muchos de los delegados que asistían al Congreso de la FIFA en Vancouver, antes del Mundial masculino de este verano.

Para Popal, cuyo trabajo de toda una vida condujo al reconocimiento del equipo de refugiadas, éste es un momento de reflexión y determinación.

“Seguiré presionando y seguiré apoyando. Seguiré usando mi plataforma, mi voz, para generar más conciencia, porque éste es el momento en que las mujeres de Afganistán, dentro de Afganistán, han perdido la atención del mundo occidental”, advirtió. “Así que el fútbol es nuestra plataforma. Es nuestro canal, y seguiremos hablando de su situación, y seguiremos siendo su voz”.

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Deportes AP: https://apnews.com/hub/deportes

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