Cápsula del tiempo: Así es la pequeña pieza donde durmió Pelé antes de la final del Mundial 1970

Imbatible, creativa, ofensiva, espectacular, revolucionaria.
No faltan los adjetivos para describir a la selección brasileña de 1970, comandada por Pelé y que hace poco más de 56 años se coronó tricampeona del mundo.
Fue en México que la generación más talentosa de Brasil alzó por tercera vez la copa, tras un duelo de gigantes contra Italia. Previo a la cita, los brasileños se hospedaron en el sur de la capital, un lugar donde el recuerdo de su visita perdura y la memoria permanece intacta.
En una pequeña habitación en la Conferencia Interamericana de Seguridad Social (CISS), ubicado en la alcaldía Magdalena Contreras, el tiempo se detuvo. Convertida en museo hace apenas cinco años, la habitación número 1 mantuvo el espacio tal como era y aún conserva algunos objetos originales de los días que Pelé estuvo allí, previos a la icónica final en el Estadio Azteca.
Era un 20 de junio de 1970. En una cama de metro y medio de ancho, el “Rey” Pelé descansó la noche previa a una de las fechas más importantes del fútbol, sin lujos pero con el sosiego necesario para escribir la historia.
Tras la partida del equipo tricampeón, la sala fue clausurada porque “no sabían qué hacer con un lugar que tenía cierto valor histórico en aquel momento”, explicó Pedro Kumamoto, secretario general de la CISS. “Por muchos años, permaneció como una especie de exposición privada, un privilegio reservado para pocos”.
Antes de asumir su cargo en el CISS, Kumamoto, de 36 años, hizo historia al convertirse en el primer candidato independiente en ganar una elección para un cargo público en el estado de Jalisco. Desde 2023, su partido se ha aliado con el partido gobernante, Morena.
“Quisimos que fuera lo más público, abierto y gratuito posible”, añadió Kumamoto. “Queríamos que cualquier abuelo pudiera traer a su nieto y contarle cómo fue realmente ver a Pelé”.
Por el pasillo, las fotos históricas, objetos usados por la selección y recortes de periódicos trasladan a los visitantes por un verdadero túnel del tiempo. En las habitaciones colindantes, aunque cerradas, los nombres gravados en las puertas ofrecen pinceladas del talento y genialidad que allí reposaron: Jairzinho, Everaldo, Felix, Tostao, Rivelino y el capitán Carlos Alberto.
De Guadalajara a la capital
Tras jugar todos sus partidos de la fase de grupos y eliminatorias en Guadalajara, Brasil necesitaba alojamiento en la capital antes de la final del 21 de junio.
Debido a problemas de seguridad y logística con los equipos que se hospedaban en hoteles del centro, las autoridades decidieron alojar a los brasileños en la sede del CISS. El lugar tenía una larga trayectoria recibiendo a invitados de alto perfil, habiendo acogido anteriormente a líderes mundiales como John F. Kennedy, Indira Gandhi y Josip Broz Tito.
“Fue una decisión lógica”, señaló Kumamoto. “Era un sitio nuevo, lindo, ubicado en San Jerónimo, donde no hay grandes conglomeraciones de personas”, agregó al referirse a este arbolado y tranquilo vecindario, situado a unos 20 kilómetros al sur del centro de la Ciudad de México.
Un vínculo compartido
La selección brasileña llegó a la capital impulsada por el inmenso cariño del pueblo de Guadalajara. Fue un vínculo profundo que perduraría durante décadas —fortalecido aún más cuando Brasil regresó a jugar allí durante el Mundial de 1986— y que recientemente se conmemoró con una majestuosa estatua de Pelé a las afueras del Estadio Jalisco.
Aunque los aficionados al fútbol en la capital tuvieron poco tiempo para adaptarse a sus nuevos visitantes, muchos mexicanos rápidamente adoptaron a Brasil como su equipo sustituto después de que México fuera eliminado por Italia en los cuartos de final.
“Los adoptamos porque, después de todo, Italia fue quien nos eliminó a nosotros”, dijo Kumamoto. “Entonces la magia carioca nos produjo una doble satisfacción: verlos vencer al equipo que nos había derrotado, y hacerlo con el mejor equipo de fútbol que se había visto en la historia".
El lado humano de una leyenda
La estancia de Pelé y sus compañeros fue breve pero suficiente para que sintieran de primera mano el cariño de la afición mexicana. Solo una pequeña valla metálica separaba a los lugareños de las habitaciones del equipo. A menudo, Pelé se asomaba al balcón de su habitación para saludar a las multitudes apasionadas que se reunían para ver al ídolo.
“Pelé demostró que, si bien el afecto mexicano era inmenso, era totalmente recíproco”, observó Kumamoto. “Ese vínculo era evidente en la forma en que los trató: los escuchaba, platicaba con ellos, bromeaba y se ponía el tradicional sombrero de charro.”
Si bien Kumamoto reconoce que existen grandes museos en honor al rey del fútbol en todo el mundo y en Brasil, sintió la responsabilidad de inaugurar este santuario íntimo: el último lugar donde se hospedó Pelé antes del partido que coronó su legendaria carrera.
“Es un espacio modesto donde se vivió la historia”, dijo Kumamoto. “Fue el lugar donde Pelé soñó con ser campeón, y el lugar al que regresó para dormir con la copa del mundo en sus mano. No es algo que pase todos los días”.
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