¿Steve Bannon acaba de convertir a Marjorie Taylor Greene y Matt Gaetz en comunistas?

El agitador de extrema derecha conmemoró el 6 de enero invitando a dos estrellas en ascenso del Partido Republicano a su programa “War Room”, y luego las cosas se pusieron raras

Holly Baxter
viernes 07 enero 2022 15:35

Steve Bannon podría ir a tribunales por no presentarse a declarar ante el Congreso

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Donald Trump decidió no hablar en el aniversario de la insurrección del 6 de enero, por lo que su exasesor y mejor amigo convertido en peor enemigo, convertido nuevamente en mejor amigo, Steve Bannon, decidió llenar el vacío de la extrema derecha. Y qué manera de hacerlo.

En su podcast “War Room”, un festival de odio que se transmite todos los días de la semana en Real America’s Voice, Bannon nos llevó de viaje. Su serie de varias partes con la que conmemoró el mortal disturbio, que incluyó a personajes tan ilustres como el presunto traficante sexual Matt Gaetz, la creyente del “láser espacial judío” Marjorie Taylor Greene y la autora del libro elegantemente titulado January 6: How Democrats Used the Capitol Protest to Launch a War on Terror Against the Political Right, Julie Kelly.

Y, sin embargo, para un grupo de gente que se ha hecho un nombre afirmando ser los herederos de la filosofía America First de Trump, hubo algo claramente antiestadounidense en lo que vino después, quizá incluso un poco estalinista.

Comenzó como una cuestión bastante normal, con algunos cuchicheos de Darren Beattie, de Revolver News, sobre cómo el 6 de enero fue una “operación sórdida y oscura” planeada por los federales y usada para atrapar a estadounidenses inocentes y patriotas. Bannon sonrió y asintió: este tipo de alarmismo pesimista es su pan de cada día. “Vamos a llegar al fondo del laboratorio de Wuhan y vamos a llegar al fondo del 6 de enero”, dijo, apuntando con su pluma a la pantalla. “Este es uno de los capítulos más oscuros de la historia estadounidense... Vamos por ustedes y no nos van a detener”. Se refirió en múltiples ocasiones a Donald Trump como “el presidente en funciones de Estados Unidos”.

Bannon tiene un numerito y le gusta mantenerlo. Ha arreglado cuidadosamente la iconografía de su show: a su derecha, un retrato de Jesucristo y una cruz blanca; a su izquierda, un gran cartel que dice “NO existen las conspiraciones pero NO existen las coincidencias” y otro que simplemente llama a la “ACCIÓN ACCIÓN ACCIÓN”. Apoyada frente a Jesucristo hay una tarjetita que dice “Podemos hacer cosas difíciles”, que es, quizás, el elemento más desconcertante del decorado. Podemos hacer cosas difíciles (We Can Do Hard Things) es un libro de autoayuda delicadamente inspirador escrito durante la pandemia que se volvió un bestseller; ha sido recomendado por personas como Reese Whiterspoon y Adele. Es difícil saber qué parte del libro, que aboga por la compasión y las organizaciones sin fines de lucro dirigidas por mujeres, conmovió a Bannon, pero es cierto que Adele dijo que “sacudiría tu cerebro y haría gritar a tu alma”.

Independientemente de si tiene profundidades ocultas, Bannon se siente cómodo con este tipo de fondo. Está cuidado, es seguro, incorpora todos los motivos republicanos habituales. Se siente más cómodo aún sosteniendo la misma conversación entre él y otro hombre blanco dado a despotricar: estamos en un “estado de seguridad nacional”, el pueblo estadounidense nunca aceptará esto, vamos a entrar en las casas de todos con armas para mantener seguros a todos los niños no nacidos en los sótanos y protegerlos de los inmigrantes. Él y Darren Beattie podrían haber seguido así todo el día. Luego llegaron MTG y Matt Gaetz y lo arruinaron todo.

Verán, los Marjorie Taylor Greenes y Matt Gaetz de este mundo realmente no pueden controlarse. A diferencia de Bannon, su furia no está fabricada y su ideología política no está bien desarrollada. Casi tan pronto como empezó a hablar con Bannon sobre cómo los liberales controlan todo el dinero en Estados Unidos, Gaetz se puso a hablar sin sentido sobre cómo estaríamos felices de trabajar con Elizabeth Warren para “romper” las compañías de big tech. Hizo esto momentos después de anunciar que la época del gobierno pequeño había terminado, y que “los libertarios tendrán que aguantarlo”. La alarma se mostró en el rostro de Bannon, pues este no era el plan. Jesús estaba allí para el lado evangélico del partido, “ACCIÓN ACCIÓN ACCIÓN” estaba allí para los libertarios, una gorra estilo MAGA con el logo de la red social de derecha que aspira a reemplazar a Twitter, Gettr, se exhibía en la esquina para los entusiastas de la Primera Enmienda, y ahora su invitado estaba echando todo a perder.

Y así, Bannon hizo lo que mejor sabe hacer: recurrió a otra fuente de rabia. Pidió a MTG que describiera cómo fue echada de Twitter unas horas antes. Y por unos instantes, Greene se entusiasmó con eso: “Cuando Twitter me echó a mí, un miembro electo del Congreso, fuera de su plataforma, eso es un ataque directo contra nuestro gobierno”, dijo con cara seria. Bannon asintió entusiastamente, y agregó que era una desgracia que una compañía privada hubiera suspendido la cuenta de “nuestro comandante en jefe”. “Quiero convertirlos en servicios públicos y luego tener juicios públicos sobre los ejecutivos que hicieron esto”, agregó en cierto punto, un verdadero Stalin en ciernes.

Pero Marjorie nunca, nunca se apega al guion. Ella quería hablar sobre cómo los estadounidenses que dan positivo a covid-19 podrían ser reunidos en campamentos. Necesitaba que la gente supiera que “ómicron no es una amenaza para nadie”. Gaetz intervino simultáneamente para decir que “Chuck Schumer tiene muchos familiares trabajando en big tech, creo que envía sus tarjetas navideñas directamente a Silicon Valley”. (Chuck Schumer es famoso por ser judío, por lo que dudo que envíe tarjetas navideñas a sus familiares en California o en cualquier parte, pero nunca se sabe).

Entre las habituales palabras de moda y frases familiares (¡George Soros! ¡Antifa! ¡FAMILIAS ESTADOUNIDENSES QUE NO VAN A TOLERARLO MÁS!), comenzó a formarse una extraña impresión. Parecía que Gaetz, Greene e incluso Bannon podían estar encaminándose sonámbulos hacia el socialismo autoritario. Hubo mucha discusión sobre cómo la Primera Enmienda debería de significar que las empresas privadas en Silicon Valley pasen a estar bajo el control del gobierno. Hubo un discurso sobre los trabajadores alzándose y cambiando el Partido Republicano. Hubo negación del presidente democráticamente elegido. Jack Posobiec, también invitado este día al “War Room”, tuiteó poco después: “Alexander Hamilton alguna vez se refirió a los países con democracia pura como tiranías deformadas”.

Nacionalizar las empresas privadas, sacar los juicios públicos, llevar al proletariado a instaurar a un líder que acabe con las normas democráticas... está empezando a sonar un poco bolchevique, ¿no? “Necesitamos instigadores”, insistía Bannon, mirando intensamente a MTG y Gaetz. Uno ciertamente se queda con la impresión de que el futuro es rojo. Podría ser solo un poco más rojo de lo que cualquiera involucrado en el Partido Republicano esperaba.

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