Nigeria: Cazadores se han convertido en guardaparques para proteger un bosque y sus animales

Taiwo Adebayo
Miércoles, 20 de septiembre de 2023 16:47 EDT
NIGERIA-DE CAZADORES A GUARDABOSQUES
NIGERIA-DE CAZADORES A GUARDABOSQUES (AP)

Sunday Abiodun, con un machete en una mano y balanceando un fusil sobre su otro hombro, despejaba maleza en una vereda que conduce a un grupo de árboles nuevos.

Hasta recientemente había sido un sitio para cultivar cacao, una de varias parcelas que Abiodun y sus colegas guardabosques destruyeron después de que los agricultores talaron árboles para hacerle espacio a ese cultivo utilizado en la fabricación de chocolate, y con ello las aves también se marcharon.

“Cuando vemos una granja así durante un patrullaje, la destruimos y plantamos árboles en su lugar”, declaró Abiodun.

Podrían requerirse más de 10 años para que los árboles maduren, señaló, esperanzado de que alivien un poco la pérdida de biodiversidad y restablezcan el hábitat para las aves.

No siempre ha sido un entusiasta de la conservación de la naturaleza. Antes de convertirse en guardabosques, Abiodun, de 40 años, mataba animales para ganarse la vida, incluidas especies en peligro de extinción como el pangolín. Ahora forma parte de un equipo que trabaja para proteger la Reserva de la Biósfera del Omo de Nigeria, que enfrenta creciente deforestación por tala excesiva, agricultura sin control y caza furtiva.

La selva tropical, 135 kilómetros (84 millas) al noreste de Lagos en el suroeste de Nigeria, es hogar de especies amenazadas, entre ellas elefantes africanos, pangolines, monos de cuello blanco, cálaos de casco amarillo, águilas crestilargas y chimpancés, según la UNESCO.

Para proteger a los animales y su hábitat, 550 kilómetros cuadrados (212 millas cuadradas) —más del 40% del bosque— han sido designados zona de conservación, dijo Emmanuel Olabode, jefe de proyecto para la Fundación Nigeriana de Conservación, un grupo sin fines de lucro que contrata a los guardabosques y funge como socio del gobierno en materia de conservación ambiental.

Los guardaparques están enfocados en casi 6,5 kilómetros cuadrados (2,5 millas cuadradas) de tierras estrictamente protegidas en las que se cree viven elefantes y son una Reserva de la Biósfera designada por la UNESCO, donde las comunidades trabajan en pro del desarrollo sostenible.

“El trabajo de los guardabosques es crucial para la conservación, porque este es uno de los últimos hábitats viables en los que tenemos elefantes de bosque en Nigeria, y si toda el área es degradada, ya no volveremos a tener elefantes”, apuntó Olabode.

Durante décadas, la fundación de conservación ha apoyado en el manejo de los bosques, pero el contratar a excazadores ha sido un punto de inflexión, especialmente en la lucha contra la caza furtiva.

“La estrategia es ganarse a los líderes de las bandas del lado anticonservación con el fin de que apoyen los propósitos de conservación, con una mejor comprensión y vida que los desalienten de sus actos destructivos contra los recursos del bosque, y hacerlos que traigan a otros al bando de la conservación”, dijo Memudu Adebayo, director técnico de la fundación.

Para Abiodun, un excazador furtivo convertido en guardabosques, ello le ofreció una nueva vida. En 2017 empezó como voluntario a ayudar a la fundación a proteger el bosque, pero se percató de que necesitaba comprometerse de lleno a alcanzar la solución.

“En ese entonces solía ver a estudiantes en excursiones, investigadores y turistas visitar el bosque para aprender acerca de los árboles y los animales que yo estaba matando como cazador”, manifestó. “Así, me dije a mí mismo: 'Si sigo matando a estos animales por dinero para comer ahora, mis propios hijos ya no los verán si es que también quieren aprender acerca de ellos en el futuro”.

Dijo que ahora ve “animales que en el pasado habría matado para venderlos, pero no puedo hacerlo porque soy más consciente y preferiría protegerlos”.

El equipo de Abiodun consiste de 10 guardabosques, que ellos consideran son demasiado pocos para el tamaño del bosque. Establecieron el Campamento de los Elefantes —que lleva el nombre de la máxima prioridad de los guardaparques— en lo profundo de la parte protegida del bosque, donde se turnan para quedarse cada semana y organizan patrullajes.

El campamento tiene un pequeño sistema de energía solar y una habitación circular en la que los guardabosques pueden descansar en medio del gorjeo de las aves y otros sonidos de los insectos y el del viento que sopla entre los árboles. En el exterior, los vigilantes planean su trabajo en una amplia mesa de madera ubicada debajo de un techo de zinc perforado.

El recorrido de aproximadamente una hora desde su oficina administrativa al campamento es difícil, con un camino que es intransitable para vehículos e incluso motocicletas cuando llueve. Pero una vez allí, el ecologista Babajide Agboola, que es mentor de los guardabosques y ayuda a registrar las especies nuevas, declaró: “Esto es paz”.

A pesar del trabajo físicamente agotador, Adebayo, de la Fundación Nigeriana de Conservación, dijo que los guardabosques tienen una vida mejor que cuando eran cazadores furtivos, en la que podían pasarse 10 días de cacería sin ninguna garantía de éxito.

“Ahora tienen un salario y otras prestaciones, además de hacer algo bueno por el medio ambiente y la humanidad, y pueden llevar comida a su mesa de una manera más cómoda”, señaló Adebayo.

Los guardabosques han instalado cámaras detectoras de movimiento en árboles de la parte más protegida del bosque con el fin de captar tomas de animales y de cazadores furtivos. En un video de 24 segundos grabado en mayo, un elefante recoge comida con su trompa cerca de un árbol en la noche. En otras imágenes de 2021 y 2023 también se ven elefantes.

La caza furtiva no ha sido erradicada del bosque, pero los guardaparques dijeron que han efectuado avances significativos. Dicen que ahora los principales retos son los asentamientos ilegales de agricultores de cacao y taladores que están incrementándose en las áreas de conservación, donde no se permiten esas actividades.

“Queremos que el gobierno respalde nuestras labores de conservación para preservar lo que queda del bosque”, dijo otro cazador furtivo convertido en guardaparques, Johnson Adejayin. “Vemos a personas que arrestamos y entregamos al gobierno volver al bosque para continuar con la tala y la agricultura ilegales. Simplemente se mueven a otra parte”.

Un funcionario del departamento de silvicultura del gobierno dijo que no estaban autorizados a comentar, y otro no respondió a las llamadas y mensajes para solicitarle sus comentarios.

Los guardaparques les suplican a las comunidades del bosque, especialmente a los agricultores, que eviten el desmonte de tierras y que planten árboles nuevos. Sin embargo, hacen notar que la intervención gubernamental para hacer respetar las normativas ambientales es crucial para alcanzar el éxito.

“Estamos perdiendo el Bosque del Omo a una tasa muy preocupante”, dijo Agboola, el ecologista, que lo ha estado visitando a lo largo de ocho años. “Cuando el bosque es destruido, se pierden la biodiversidad y los servicios del ecosistema. Cuando talas árboles, talas una solución para mitigar el cambio climático, lo cual favorece la acumulación de carbono en la atmósfera”.

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La cobertura climática y ambiental de The Associated Press recibe respaldo de varias fundaciones privadas. La AP es la única responsable de todo el contenido.

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