Joe Rogan: cómo el “comentarista de luchas en jaula y comediante vulgar” se convirtió en el rey de los “podcasts”

Super popular, pero cada vez más criticado por acoger a escépticos de las vacunas, el presentador admite con alegría: “¡No soy una fuente de información respetada, ni siquiera para mí mismo!”

Joe Sommerlad
viernes 14 enero 2022 19:55
Joe Rogan compares vaccine passports to a 'dictatorship'
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A sus 54 años de edad, el artista marcial, actor de sitcoms, comediante, experto en UFC (Ultimate Fighting Championship), defensor de los psicodélicos y cazador/consumidor de alces Joe Rogan se encuentra a sí mismo como el mayor anfitrión de podcasts del mundo, y una figura cada vez más divisiva.

The Joe Rogan Experience, un divagante programa de debates que cuestiona las teorías de la conspiración y combina la charla política libertaria con entrevistas a celebridades, fue nombrado el podcast más escuchado de Spotify del 2021, poco más de un año después de que el presentador firmara un acuerdo exclusivo por US$100 millones con el gigante del streaming de audio.

Los datos filtrados adquiridos por Business Insider el verano pasado revelaron que el podcast representó el 4,5 por ciento de todos los programas escuchados en la plataforma durante su mes de debut en septiembre de 2020, con 14,9 millones de horas de tiempo total de escucha global.

Un portavoz del servicio dijo que The Joe Rogan Experience había sido su podcast número uno todos los meses desde entonces y que su audiencia solo había crecido en intermedio, y el programa ya era un gran éxito de antemano, su presentador cabeza de bala afirmó la enorme cantidad de 190 millones de descargas por mes durante una entrevista con Aubrey Marcus en abril del 2019.

El calibre de los invitados de Rogan es una razón central de la popularidad del podcast, que da la bienvenida a todos, desde un famoso y drogado Elon Musk hasta Kanye West, Neil DeGrasse Tyson, Lance Armstrong, Mike Tyson, Jack Dorsey, Dave Chapelle, Kevin Hart, Miley Cyrus, Matthew McConaughey y Edward Snowden.

Ya sea que esté conversando con “eruditos renegados” acerca de astrofísica, civilizaciones antiguas, drogas, supervivencia o cienciología, o que bromeé con sus amigos cuentistas como el “tío” Joey Díaz o Duncan Trussell o, en tono más controversial, escuché a los habitantes derechistas de la “dark web del intelectualismo” como Alex Jones, Jordan Peterson, Ben Shapiro y Milo Yiannopoulos, Rogan ofrece a todos la misma oportunidad de exponer su caso sin que los callen a gritos, para bien o para mal.

Ese no es un gesto pequeño en un ecosistema mediático estadounidense enredado y tan a menudo definido por una hostilidad tóxica y confrontacional en el 2022 después de Trump.

Pero el cambio de The Joe Rogan Experience a Spotify coincidió con el inicio de la pandemia de coronavirus y vio al anfitrión entretener propuestas aún más dudosas y potencialmente dañinas de lo habitual.

En tiempos recientes, un episodio de Nochevieja en el que su invitado, el Dr. Robert Malone, comparó la sociedad estadounidense contemporánea con la de la Alemania nazi en la década de 1930 y defendió la teoría de que la “psicosis de formación masiva” llevó a las personas a aceptar las vacunas contra el covid-19 sin cuestionarlas fue removido por YouTube pero todavía está disponible en Spotify.

Eso llevó a 270 científicos y miembros de la comunidad médica a escribir una carta abierta a la compañía donde dicen que Rogan, al permitir que las afirmaciones de Malone pasen sin control, podría “dañar la confianza pública en la investigación científica y sembrar dudas sobre la credibilidad de la orientación basada en datos que ofrecen los médicos profesionales”.

La carta continúa: “Esto no es solo una preocupación científica o médica; es un problema sociológico de proporciones devastadoras y Spotify es responsable de permitir que esta actividad prospere en su plataforma”.

The Independent se puso en contacto con Spotify para pedir comentarios.

Esta no es la primera vez que Rogan genera controversia durante la era de covid.

Causó un gran debate en abril del año pasado cuando sugirió al aire que los jóvenes sanos no necesitan vacunarse, lo que le consiguió una reprimenda por parte del Dr. Anthony Fauci, principal asesor médico del presidente estadounidense Joe Biden, y lo obligó a retroceder en sus comentarios e insistir: “No soy una persona antivacunas”.

“No soy médico”, continuó. “Soy un maldito imbécil y soy un comentarista de peleas en jaula que también es un comediante vulgar. Te acabamos de decir que estoy borracho la mayor parte del tiempo y consumo testosterona y fumo mucha hierba. ¡Pero no soy una fuente de información respetada ni siquiera para mí mismo!”.

Si bien ese descargo de responsabilidad restó importancia en gran medida a la responsabilidad de su considerable influencia, Rogan, para su crédito, invitó después a la Dra. Rhonda Patrick al programa para desacreditar de forma explicita las falsedades prevalentes de los antivacunas.

“De verdad aprecio que Joe esté dispuesto a tener conversaciones con personas con las que no está de acuerdo y que sea respetuoso en sus conversaciones. ¡Es refrescante!” un comentarista de YouTube escribió debajo de un clip de su intercambio, una visión clarísima de su atractivo.

Desde entonces, Rogan ha llamado la atención al sugerir que las identificaciones que contienen prueba del estado de vacunación llevan a Estados Unidos “un paso más cerca” a la dictadura y al anunciar que había tomado ivermectina, un medicamento antiparasitario que también se usa para tratar al ganado, cuando él mismo contrajo covid en septiembre, y después atacó al corresponsal médico en jefe de CNN, el Dr. Sanjay Gupta, por la cobertura del medio de sus acciones.

La disputa sobre la ivermectina incluso le consiguió una reprimenda del célebre “anfitrión del shock” Howard Stern, el provocativo locutor de radio estadounidense y quizás el precursor más obvio de Rogan.

Las recientes apariciones del Dr. Peter McCullough y el antes mencionado Dr. Malone, dos hombres con un historial de promover teorías improbables acerca de la pandemia y sus orígenes, han planteado más preguntas acerca de cómo Rogan ejerce su poder, dada la inmensa popularidad de su programa.

El anfitrión ha recorrido un largo camino desde que lanzó por primera vez The Joe Rogan Experience con su amigo Brian Redban en la víspera de Navidad del 2009.

Nació en Newark, Nueva Jersey, en agosto de 1967 y es de ascendencia ítalo-irlandesa, sus padres se separaron cuando él era un niño y Rogan después se mudó con su madre San Francisco, California en un principio, después a Gainesville, Florida, y al final a los suburbios de Boston, Massachusetts, cuando era adolescente.

En declaraciones a Erik Hedegaar de la revista Rolling Stone en 2015, Rogan recordó a su padre policía como ‘un tipo muy aterrador y violento’, que, sostiene el anfitrión, hubiera convertido a su hijo en un psicópata si hubiera seguido desempeñando un papel en su crianza, de ahí la decisión del adulto Rogan de nunca buscar restablecer el contacto.

El anfitrión de podcasts describe haber sufrido una inquebrantable sensación de alienación cuando era joven, a pesar de que nunca quiso tener amigos, y primero tomó clases de kárate y luego taekwondo después de un encuentro humillante con un bravucón en la preparatoria, lo que lo llevó a jurar que nunca será incapaz de defenderse a sí mismo de nuevo.

“Estaba aterrorizado de ser un perdedor”, le dijo a Rolling Stone. “Super aterrorizado de ser alguien de quien la gente solo dice: ‘Oh, mira a ese maldito perdedor’. ¿Entiendes? Siempre pensaba que los otros niños se iban a volver en mi contra en cualquier momento. Yo era raro y simplemente me desvié”.

Cuando se retiró de las artes marciales competitivas a los 21 años por un breve período en la Universidad de Boston, Rogan había ganado el torneo de taekwondo del Campeonato Abierto de los EE.UU. como peso ligero y había sido campeón estatal de contacto completo durante cuatro años consecutivos, y también instruía a otros en la disciplina.

Persuadido por sus amigos para probar suerte en la comedia stand-up, Rogan subió al escenario en el notorio club Stitches en Boston en 1988, lo disfrutó y comenzó una carrera como comediante, inspirándose en personajes como Lenny Bruce, Richard Pryor, Bill Hicks y Sam Kinnison, traicionando el gusto por las desafiar las convenciones desde entonces.

Su personalidad escénica temeraria, incrédula y con ojos desorbitados, que aborda temas que van desde Pie Grande hasta veganos autogratificados y la rareza inherente de intentar representar el papel de un ser humano en una gran roca que se precipita hacia el infinito, está a una gran distancia de la forma relajada que adopta durante las grabaciones de su podcast, donde se sienta con una camiseta de Cypress Hill frente a una pared de ladrillos con fotografías de Elvis Presley y Jimi Hendrix.

Después de tomar trabajos ocasionales para llegar a fin de mes (repartidor de periódicos, chofer para un detective privado que había perdido su licencia de conducir), Rogan al final se mudó a la ciudad de Nueva York y luego a Los Ángeles a principios de la década de 1990 para comprometerse por completo con una carrera al micrófono, y así llamó la atención con un set en Half-Hour Comedy Hour de MTV.

Eso lo llevó a ganar el papel principal en el sitcom de béisbol de Fox de nueve episodios Hardball en 1994 y, a su vez, un papel regular en NewsRadio de NBC entre 1995 y 1999, en el que reemplazó a Ray Romano y se hizo amigo del trágico pero gran comediante Phil Hartman, quien después sería asesinado por la esposa que Rogan dice que le aconsejó a su amigo que dejara.

Su pasión por las artes marciales lo convirtió en un experto natural de la UFC, aunque al principio se resistió a las propuestas de la industria, ya que prefería ver los combates desde las gradas en paz, antes de que por fin tomara un trabajo como entrevistador en los bastidores en 1997 y pasara a convertirse en un comentarista, donde su talento para la invención verbal lo convirtió en un éxito instantáneo.

Joe Rogan en función de anunciador en el ring de UFC en Las Vegas, Nevada, el verano pasado

Desde entonces, creó su propio blog al cambio del milenio, Joe.Rogan.net, previendo el potencial de la web como un foro para la comunicación masiva, y presentó el “asqueroso” programa de juegos Fear Factor en NBC entre 2001 y 2006.

En un cambio en su enfoque en el stand-up, Rogan se volvió viral en 2007 cuando comenzó a circular un video de él mientras confrontaba a su compañero comediante Carlos Mencia en The Comedy Store en Hollywood por una chiste “robado”, un incidente que lo vio expulsado del lugar y que lo dejó abandonado por sus agentes, pero que se ganó el respeto de sus compañeros de profesión.

Luego vino el podcast, donde Rogan demostró una vez más que estaba a la vanguardia al atreverse a probar algo nuevo y embarcarse en lo que se convertiría en el proyecto definitorio de su carrera excéntrica e itinerante.

Trece años después, hay más de 1.760 episodios de The Joe Rogan Experience, con tres más que se estrenan cada semana, cada uno por lo general de más de dos horas de duración, lo que hace que sea casi imposible convertirse en un completista, o incluso encontrar un punto de entrada para los no iniciados.

La curiosidad del anfitrión acerca de las posiciones a menudo extrañas de sus invitados nunca es menos que sincera y por lo general no permite que las tonterías pasen desapercibidas, y termina con frecuencia en acalorados debates con los entrevistados, como un enfrentamiento memorablemente con el terraplanista practicante de jiu-jitsu Eddie Bravo, por ejemplo, o con Candace Owens por un comentario que hizo acerca de no creer en el cambio climático.

Sin embargo, el asunto del Dr. Malone sugiere que no siempre va tan lejos como debería.

Al escribir sobre ese episodio, el columnista de The Independent Noah Berlatsky criticó al locutor por abusar de la “confianza mal depositada” que disfruta por parte de sus fans, y dijo: “La audiencia de Rogan es una mezcla de personas que desconfían en los medios establecidos, personas que desconfían de la izquierda y personas que buscan consejos de salud alternativos, y no probados por la ciencia. No es sorprendente que este sea un guiso perfecto para la desinformación acerca de una crisis de salud pública la cual ha sido politizada por los reaccionarios de forma intensa”.

Antes de la pandemia, Devin Gordon de The Atlantic también buscó entender la esencia del atractivo de Rogan, en especial entre los hombres, y definió a su audiencia principal como: “Chicos que se hacen tatuajes de alambres de púas y llenan su refrigerador con bebidas energéticas Monster y preordenaron sus boletos para ver Hobbs & Shaw.

Al mismo tiempo que hace hincapié en probar el café con hongos y otros suplementos que Rogan anuncia en su programa, Gordon se muestra razonablemente comprensivo y escribe: “La dura realidad para algunos de los críticos de Rogan en los medios es que él es mucho mejor para cautivar al público que la mayoría de nosotros porque tiene la paciencia y la generosidad de dejar que sus entrevistas sean una experiencia más que una inquisición”.

Es “un optimista incansable”, argumenta Gordon, así como “energético, inagotable y un autodidacta honesto”, pero tiene la debilidad fatal de mostrar “demasiada compasión por los malos actores”.

El valor democrático de poner su considerable plataforma a disposición de gente como Jones, Peterson, Shapiro, Yiannopoulos y Owens, pseudointelectuales provocadores a sueldo y avivadores de divisiones, no es un hecho, incluso si sus intenciones son honorables.

Si bien Rogan no se identifica como republicano y se resiste a las etiquetas políticas, en esencia comparte algunas de las preocupaciones de la derecha sobre el papel cambiante de la masculinidad tradicional en el siglo XXI, y hace poco se fue en una diatriba histérica de que: “Nunca puedes dejar de ser exageradamente políticamente correcto, ese es el problema". Siempre continúa. Sigue yendo más y más y más adelante y si llegas al punto en el que capitulas, en el que aceptas todas estas demandas, que en algún momento llegarán a ‘los hombres blancos heterosexuales no pueden hablar’”.

La oposición acalorada a lo “exageradamente políticamente correcto” y a la “cultura de cancelación” es en realidad una postura algo convencional entre los comediantes conservadores, que ven ambos fenómenos como la antítesis de la libertad de expresión radical que la mayoría de los cómicos respaldan por el bien de su sustento.

¿Pero es Rogan un conservador? Su rechazo a alinearse de forma abierta con cualquier lado del pasillo le da espacio para perseguir temas favoritos como el anterior, la legalización del cannabis o los derechos de armas sin estar comprometido con ninguna ideología de menú fijo.

Sin embargo, también puede parecer una simple indecisión de su parte.

Respaldó por un tiempo corto a la forastero demócrata Tulsi Gabbard para presidenta en 2020, antes de cambiar de caballo y optar por Bernie Sanders, solo para al final emitir su voto por el candidato libertario Jo Jorgensen, al tiempo que promovía líneas trumpianas sin fundamento que cuestionaban la aptitud mental de Biden para la Oficina Oval dada su avanzada edad.

Desde la toma de posesión de Biden, ha seguido su incursión, en tiempos recientes aconsejó a Michelle Obama que se postulara para la nominación demócrata en 2024, a pesar de la resistencia declarada de la ex primera dama a buscar un cargo político, y se unió a Gettr, una nueva alternativa de derecha a Twitter fundada por el exjefe de campaña de Trump, Jason Miller, en forma de protesta contra el exilio de la congresista populista Marjorie Taylor Greene de las redes sociales principales.

El anfitrión de podcasts “antifascista” Jim Stewartson ha ido tan lejos como para calificar a Rogan como “el pelele de Steve Bannon”, que terminó en su expulsión temporal de Twitter por sus comentarios, pero eso por seguro es demasiado reductivo e injusto para él.

Tal vez la propia explicación del anfitrión sobre el impacto que las drogas psicodélicas han tenido en la formación de su psique y su perspectiva social singular es la verdadera clave de su carácter.

“¿Sabes lo que descubres en medio de un viaje psicodélico?” le preguntó a Rolling Stone. “Que todas estas suposiciones y nociones preconcebidas de quién eres, son tonterías. Eres solo un organismo que intenta encontrar la normalidad al repetir patrones”.

Joe Rogan no está interesado ni siquiera en tratar de ser coherente porque es tan inteligente que sabe que permitir que las opiniones de uno se graben en piedra significa el fin del crecimiento personal, una especie de muerte, y así mantiene su mente abierta en todo momento, sin miedo de recibir sondeos de todos lados, siempre dispuesto a dejarse convencer y nunca cerrándose a la posibilidad de nuevos horizontes y nuevas ideas, por absurdas que sean.

“Aprendan, aprendan, aprendan, señoras y señores”, le dice a su audiencia. “Eso es lo que saco de esto. Creo que es muy importante continuar desafiando tu mente”.

Lo cual está más que bien, pero tal vez un poco más de pensamiento crítico aquí y allá no le vendría mal.

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