Un árbol que sobrevivió a una de las batallas más sangrientas de EE. UU. enfrenta ahora una nueva amenaza
Un majestuoso roble, marcado por el paso del tiempo, tendrá una nueva oportunidad de sobrevivir en un campo de batalla de la Guerra de Independencia de Estados Unidos, en Carolina del Sur
Un enorme roble que ya se alzaba en un campo de batalla de Carolina del Sur durante uno de los enfrentamientos más sangrientos de la Guerra de Independencia de Estados Unidos enfrenta ahora una batalla por su propia supervivencia. La amenaza, sin embargo, proviene de antiguas medidas que se aplicaron hace décadas con la intención de protegerlo.
Se cree que el roble de Eutaw Springs tiene casi 300 años y los arboricultores calculan que rondaba los 50 cuando las fuerzas estadounidenses y británicas combatieron a su alrededor el 8 de septiembre de 1781.
Considerado un “árbol testigo”, el roble representa uno de los pocos vínculos vivos con la Batalla de Eutaw Springs, que los historiadores consideran el último gran enfrentamiento a campo abierto de la Guerra de Independencia.

“Es muy raro encontrar un árbol que haya sido testigo de un acontecimiento histórico, sobre todo de la Guerra de Independencia”, explicó Garrison Marcoux, del South Carolina Battlefield Preservation Trust. “Que un árbol que presenció esta batalla siga en pie es casi un milagro”.
Aunque los historiadores no pueden determinar con exactitud qué ocurrió bajo sus ramas, es posible que las tropas británicas descansaran a su sombra antes de la batalla o que utilizaran el tronco como protección ante el avance de las fuerzas estadounidenses.
“Ese árbol probablemente recibió varios impactos de bala”, señaló el arborista Aron Landsaw.

Unos 2.500 soldados estadounidenses, bajo el mando del mayor general Nathanael Greene, atacaron a cerca de 2.000 británicos y lealistas apostados cerca de una fortificación de ladrillo. Entre los oficiales que participaron se encontraban el teniente coronel Henry “Light-Horse Harry” Lee y el general de brigada Francis Marion, conocido como el “Zorro del Pantano”.
La batalla fue brutal. Greene, cuyo caballo recibió un disparo mientras lo montaba, la describió más tarde como “por lejos, la acción más intensa que jamás haya visto y la más sangrienta en proporción al número de participantes”.
El comandante británico, teniente coronel Alexander Stewart, coincidió en su descripción y calificó el enfrentamiento como “sangriento y encarnizado”.

En total, 1.461 hombres murieron, resultaron heridos, fueron capturados o quedaron desaparecidos, mientras que ambos bandos se atribuyeron la victoria.
Los ejércitos se marcharon, pero el roble permaneció en pie.
Casi 250 años después, el árbol alcanza unos 14 metros de altura y su amplia copa se extiende cerca de 40 metros. El tronco, por su parte, mide alrededor de 1,8 metros de diámetro a la altura del pecho.

El roble también sobrevivió a grandes cambios en el paisaje que lo rodea. Los manantiales que dieron nombre a Eutaw Springs desaparecieron en la década de 1940, tras la creación de un embalse en la cuenca del río Santee. Más tarde, el desarrollo urbano de la década de 1960 ocupó gran parte del histórico campo de batalla.
Pero hace unos 50 años, el árbol enfrentó otra amenaza: un rayo partió el tronco cerca del centro. Para evitar que muriera, los trabajadores sujetaron sus enormes ramas con cadenas y cables de acero.
La medida logró mantenerlo en pie durante décadas, pero con el paso del tiempo terminó por convertirse en una nueva amenaza para su supervivencia.
Con el paso de los años, el roble siguió creciendo alrededor de los soportes metálicos, hasta que las cadenas y los cables comenzaron a incrustarse en la madera y desaparecer bajo la corteza.
“Las cadenas y los cables lo están asfixiando”, explicó Landsaw. “El árbol no puede absorber los nutrientes del suelo”.
Ante el deterioro, los conservacionistas iniciaron un nuevo esfuerzo para salvarlo.

Con la mirada puesta en el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos, South Carolina 250 y American Battlefield Trust contrataron a SavATree, una empresa de cuidado de árboles con sede en Maryland, para intentar preservar el histórico roble.
Como parte de los trabajos, los especialistas utilizaron una potente herramienta neumática para aflojar la tierra compactada alrededor de las raíces e inyectaron una mezcla de algas marinas con el objetivo de recuperar los nutrientes del suelo.
Además, tomaron medidas para proteger el árbol de futuros rayos. Instalaron pequeños pararrayos a lo largo de sus ramas principales y los conectaron mediante cables de cobre a una varilla de puesta a tierra enterrada a unos tres metros del roble.
“Si cae un rayo, la descarga eléctrica recorrerá los cables de cobre y se disipará en el suelo”, explicó Landsaw.
El siguiente paso será reemplazar los antiguos soportes por un sistema de estabilización moderno, que conectará cinco de las ramas principales con un eje central. De esta manera, el roble podrá moverse con el viento sin ejercer demasiada presión sobre sus ramas.
Para Marcoux, el esfuerzo busca preservar mucho más que un árbol de casi 300 años. “Soy una persona espiritual”, afirmó. “Me parece difícil pensar que un lugar donde hubo tanta violencia y emociones tan intensas no conserve algún tipo de energía”.
Landsaw, por su parte, considera que se trata del proyecto más importante de su carrera.
Nadie puede asegurar que el roble, después de sobrevivir a una guerra, al desarrollo urbano, las inundaciones y los rayos, permanezca en pie otros 300 años. Por ahora, los especialistas tienen una meta más cercana.
“Nos concentramos en que viva al menos otros 100 años”, dijo Landsaw. “Ojalá sean más”.
Traducción de Leticia Zampedri







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