Kast asume el poder en Chile y marca el giro más pronunciado hacia la derecha desde la dictadura

El ultraconservador José Antonio Kast asumirá el miércoles el poder en Chile marcando el giro más pronunciado a la derecha de la nación desde el regreso de la democracia, con la promesa de contener la delincuencia y la ola migrantes que arribaron al país en los últimos años.
Kast, un abogado de 60 años y líder del Partido Republicano, fue elegido presidente al superar de forma rotunda a la candidata oficialista, la comunista Jeannette Jara, gracias a su discurso de mano dura.
Llega al poder, además, en medio de una encrucijada geopolítica, marcada por el pulso firme entre Estados Unidos, que busca recuperar su influencia en América Latina, y China, principal socio comercial no sólo de Chile sino de gran parte de los países de la región.
“Hoy lo que más enfoca la atención es cuál es la situación que hereda la presidencia de Kast respecto de una enorme expectativa de alineamiento político con la Casa Blanca y cuál es el margen de maniobra que tiene la nueva administración” para otros socios, dijo Mariano Machado, analista principal para las Américas de la empresa de inteligencia de riesgos Verisk Maplecroft.
Tira y afloja
A lo largo de la campaña Kast evitó pronunciarse sobre temas polémicos, tanto dentro como fuera de la esfera nacional, aunque hizo guiños a la administración de Donald Trump y alabó la operación de Estados Unidos que culminó con el arresto del ahora expresidente venezolano Nicolás Maduro.
Más recientemente dio por terminado el proceso de traspaso de mando tras diferencias con el saliente mandatario, el izquierdista Gabriel Boric, acerca de un proyecto que busca instalar un cable submarino que, si es aprobado, conectaría China y Chile —lo que despertó la crítica de Estados Unidos y profundizó aún más la grieta diplomática entre la administración de Boric y Washington—.
Son guiños discretos pero que sugieren que se espera que Kast se convierta en un importante aliado regional de Trump.
En ese marco, Trump felicitó a Kast tras el triunfo y lo invitó a su cumbre celebrada en Miami y que reunió el pasado fin de semana a varios líderes latinoamericanos como el salvadoreño Nayib Bukele y el argentino Javier Milei.
“Todo indica que vamos a tener un alineamiento muy importante de Chile con las directrices emanadas desde Washington”, subrayó el analista político Gilberto Aranda, de la Universidad de Chile.
Crimen organizado e inmigrantes en la mira
En 2021, Kast llegó a acariciar la presidencia, pero fue derrotado por Boric. En aquel entonces, sus posturas, como la oposición al aborto y al matrimonio igualitario o la complacencia con la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), fueron ampliamente rechazadas por los chilenos.
Sin embargo, cuatro años después, sus promesas de luchar contra la delincuencia y la inmigración obtuvieron el apoyo de cerca de 60% de los votantes en un país azotado por un aumento sin precedentes del crimen organizado y decepcionado por las grandes expectativas que el gobierno Boric generó pero no se han cumplido.
“El concepto dominante del futuro gobierno de Kast es el concepto de emergencia, particularmente en el ámbito de la seguridad”, dijo Aranda. “Tanto la economía como la inmigración están enmarcados dentro de esa narrativa de decadentismo, de deterioro de la calidad de vida, deterioro económico, deterioro producto de la llegada de inmigrantes que han de alguna manera socavado la seguridad ciudadana”.
Kast ha abogado por medidas que van desde la ampliación de la legítima defensa hasta incursiones policiales y militares para recuperar zonas “bajo el dominio narco”. En cuanto a la migración irregular, ha prometido convertirla en un delito, impulsar las expulsiones masivas y reforzar las fronteras con la construcción de “vallas y muros”.
La tarea, sin embargo, no será simple, ya que el ultraderechista tomará las riendas de un país “menos paciente”, ponderó Machado. “Hay una necesidad inmediata de respuestas”.
100 días cruciales
La capacidad de respuesta del nuevo Ejecutivo, dijeron los expertos, será clave para determinar el rumbo del gobierno, que deberá dialogar y negociar con un fragmentado Parlamento a fin de garantizar gobernabilidad y sacar adelante sus principales proyectos.
“Si en los primeros 100 días hay volumen, tracción, señal de dirección, generalmente la corporación política busca alineamiento o por lo menos no entorpecer las prioridades de la gestión”, matizó Machado. “Si no se ve esa claridad en los primeros 100 días... sucede lo contrario”.
En ese sentido, la suspensión del proceso de transición —algo inédito desde el regreso de la democracia en 1990— dictaminado por Kast a falta de una semana para el cambio de mando podría empañar la imagen de la administración entrante y confirmar la aprensión de los críticos de que “se vienen unos tiempos muy polarizados y de mucho desencuentro”, agregó Aranda.
“El futuro oficialismo va a necesitar el consentimiento del Congreso para sacar adelante leyes y una relación muy tirante desde este inicio puede de alguna manera marcar negativamente el diálogo posterior en el Congreso”, afirmó.






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