Debido a sequía, Marruecos cierra sus famosos baños públicos 3 días por semana para ahorrar agua

Sam Metz
Jueves, 07 de marzo de 2024 20:07 EST

Desde hace años, Fatima Mhattar recibe a comerciantes, estudiantes, banqueros y jubilados en el Hammam El Majd, un baño público ubicado en las afueras de Rabat, la capital de Marruecos. Por un puñado de monedas, se relajan entre una neblina de vapor, y luego se tallan y enjuagan junto con sus amigos y vecinos.

Los baños públicos —hamams en árabe— han sido durante siglos parte integrante de la vida marroquí. En sus cámaras de techos abovedados, hombres y mujeres, sin importar la clase social, se reúnen y se relajan. Los clientes se sientan en losas de piedra debajo de azulejos, se enjabonan con el tradicional jabón negro y se lavan echándose cubetas de agua hirviendo.

Pero se han convertido en la víctima más reciente de las amenazas sin precedentes que se ciernen sobre Marruecos a causa del cambio climático y una sequía de seis años que las autoridades han calificado de desastrosa. Ciudades de todo el país norafricano han ordenado que los hammams cierren tres días a la semana este año para ahorrar agua.

Un domingo reciente, Mhattar sonreía mientras saludaba a las familias que llevaban baldes de 10 litros (2,6 galones) llenos de toallas, sandalias y otros artículos de baño al hammam donde trabaja como recepcionista. Pero le preocupa de qué forma las restricciones limitarán el volumen de clientes y reducirán su sueldo.

“Incluso cuando está abierto de jueves a domingo, la mayoría de los clientes evitan venir porque temen que esté lleno de gente”, dijo Mhattar.

La escasez de lluvias y el aumento de las temperaturas han reducido el nivel de los mayores embalses de Marruecos, lo cual genera temores entre los agricultores y municipios que dependen de su agua. El país está tomando decisiones dolorosas mientras se enfrenta al cambio climático y la sequía.

La decisión de imponer restricciones a los negocios —incluidos los hammam y los negocios de lavado de autos— ha enfurecido a algunos. Un coro de usuarios de hammam y políticos dicen que el gobierno está eligiendo quién gana y quién pierde al optar por no racionar el agua en los hoteles de lujo, piscinas, spas o en el sector agrícola del país, que consume la mayor parte del agua de Marruecos.

“Esta medida no parece muy beneficiosa, sobre todo porque el sector (de los hammam) no es considerado uno de los que más agua consume”, dijo el mes pasado Fatima Zahra Bata, diputada de la Cámara de Representantes de Marruecos, al ministro del Interior, Abdelouafi Laftit, en unas preguntas escritas.

Bata preguntó por qué los funcionarios de muchos municipios habían hecho excepciones con los spas, que suelen ser utilizados por personas adineradas y turistas. Advirtió que el cierre de los hammam “aumentaría la fragilidad y el sufrimiento de esta clase, cuyos ingresos mensuales no superan los 2.000 o 3.000 dirhams en el mejor de los casos”. Los trabajadores de los hammam ganan una cantidad equivalente a entre 200 y 300 dólares.

Laftit aún no ha respondido, y su oficina no respondió a preguntas de The Associated Press.

Los cierres afectan a unas 200.000 personas empleadas directa o indirectamente en el sector de los hammam, que representa aproximadamente el 2% del consumo total de agua del país, según la agencia nacional de estadística de Marruecos.

Se han cerrado hammams en ciudades como Casablanca, Tánger y Beni Mellal desde que el ministro del Interior pidió a las autoridades locales que adoptaran medidas de ahorro de agua hace algunas semanas. En un momento en que el precio del gas de calefacción ha aumentado y las temperaturas han descendido, los cierres han suscitado especial preocupación en localidades situadas en lo alto de la cordillera del Atlas, donde la gente acude a los hammams para calentarse.

A Mustapha Baradine, carpintero en Rabat, le gusta disfrutar semanalmente de los hammams con su familia y no entiende cómo la modesta cantidad de agua que él utiliza tiene trascendencia en una sequía. Para él, los cierres han alimentado resentimientos y planteado interrogantes sobre la riqueza, la pobreza y el poder político.

“Sólo uso dos baldes de agua para mí y mis hijos”, explicó. “No me ha gustado nada esta decisión. Sería mejor que vaciaran sus piscinas”, dijo en referencia a los funcionarios locales.

Marruecos ha reducido la prevalencia de la pobreza en los últimos años, pero la desigualdad de ingresos sigue afectando tanto a las zonas rurales como a las urbanas. A pesar del rápido desarrollo económico de ciertos sectores, históricamente han surgido protestas entre la clase trabajadora por las disparidades y el aumento del costo de la vida.

Los países vecinos de Marruecos han optado por racionar el agua de diversas maneras. En Túnez, el año pasado se cerró el suministro a barrios enteros durante varias horas al día. En partes de España, el verano pasado se prohibió a las comunidades lavar coches, llenar piscinas y regar jardines.

Fatima Fedouachi, presidenta de una asociación de propietarios de hammam en Casablanca, dijo que los cierres habían modificado los aspectos económicos de la operación de un hammam. Aunque las asociaciones de hammams aún no han publicado estadísticas sobre despidos o pérdida de ingresos, han advertido sobre el efecto en los propietarios, técnicos de chimeneas y recepcionistas.

“Los propietarios tienen que cumplir sus obligaciones para sus trabajadores”, señaló Fedouachi.

Incluso los días que están cerrados, dijo Fedouachi, la mayoría de los hammams siguen quemando leña para mantener calientes los baños en lugar de dejar que se enfríen y calentarlos de nuevo. Los propietarios preferirían un racionamiento durante ciertas horas al día en lugar de verse obligados a cerrar, añadió.

Algunos usuarios de los hammam dicen que los cierres parecen estar creando conciencia de que hay una sequía, independientemente del ahorro que supongan. Clientes asiduos como Hanane El Moussaid, ama de casa de 37 años, apoyan esta iniciativa nacional.

“Si hay menos agua, prefiero beber a ir al hammam”, manifestó El Moussaid.

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Houda Benalla contribuyó a este reportaje.

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